Reino de Aksum

Cultura etíope y eritrea

Conferencia “la Iglesia Etíope Ortodoxa Tewahedo” – Madrid, 31 de marzo de 2017

El viernes 31 de marzo, dentro del ciclo Encuentros con el Oriente Cristiano, participaremos en la conferencia sobre la iglesia ortodoxa tewahedo etíope.

Dicho ciclo, organizado por el sacerdote redentorista y profesor en las universidades de S. Dámaso y Pontificia de Comillas Marek Raczkiewicz, pretende acercar la realidad de las iglesias orientales al público español.

En esta ocasión, el ciclo alcanza el corazón de la legendaria Abisinia, hoy en día Etiopía y Eritrea, donde en el siglo IV el rey Ezana de Aksum declaró al cristianismo religión oficial. Protegida por los abruptos paisajes de las tierras altas, la fe cristiana etíope ha sobrevivido 1600 años aislada del resto de la cristiandad, lo que le ha dado una personalidad propia en la que destacan características judaizantes como el respeto del Sabbath, la tradición de circuncisión o la prohibición de consumir cerdo, entre otros.

En la charla participarán Kesis Yared y Abba Samuel, de la iglesia ortodoxa tewahedo de Madrid, quienes hablarán de lo ragos definitorios de su fe, y Mario Lozano Alonso, quien realizará la introducción histórica.

Información básica

Día y hora: 31 de marzo, 20:00 h.

Lugar: parroquia del Santísimo Redentor (sala Liguori). C/ Félix Boix, 13 – Madrid.

Entrada libre hasta completar aforo.

Frases célebres (II): Taytu Betul

Frases célebres (I): Menelik II

Muerte de un gigante: Richard Pankhurst (1927-2017)

Richard Pankhurst. Foto: Tsehai Publishers.

El pasado  16 de febrero fallecía a los 89 años Richard Pankhurst, historiador y economista británico, y uno de los más grandes investigadores sobre Etiopía que aún vivían.

Hijo de Sylvia Pankhurst, la célebre sufragista inglesa, y del anarquista italiano Silvio Corio, nació en Woodford Green (Londres) el 3 de diciembre de 1927. Su pasión por Etiopía está muy relacionada con su figura materna, que en 1935 fue una ardiente defensora de la independencia abisinia frente a la invasión de la Italia fascista. Tras completar su formación doctorándose en la London School of Economics,  en 1956 él y su madre se mudan a Etiopía, donde mantendrán una relación de amistad con el emperador Haile Selassie. Sylvia falleció en 1960 en Addis Abeba, siendo enterrada en el cementerio situado frente a la catedral de la Trinidad.

Fue co-fundador del Instituto de Estudios Etíopes en 1962 y profesor de la Universidad de Addis Abeba. En 1976, tras la caída de Haile Selassie, se exilia a Reino Unido huyendo del régimen del Derg, donde impartirá clases en la School of Oriental and African Studies, entre otras instituciones. No volverá a Etiopía hasta 1986, fecha en que retoma su puesto de investigador en el Instituto de Estudios Etíopes.

En 2004, la reina Isabel II reconoció su labor por la Historia etíope nombrándole oficial de la Orden del Imperio Británico. Su intervención fue clave para el retorno del célebre obelisco de Aksum (la mal llamada Estela de Ezana) a Etiopía en 2008, tras 71 años en la romana plaza de Porta Capena, donde fue llevado por Mussolini como botín de guerra.

Todo aquel que ha querido profundizar en la historia etíope y eritrea ha tenido que consultar, en algún momento, cualquiera de sus obras. Su producción fue vastísima, centrándose en la historia económica del país, pero sin descuidar otros muchos aspectos del pasado del país. En ocasiones cooperó con su esposa, Rita. Entre sus obras, podemos destacar las siguientes:

  • 1966 – State and Land in Ethiopian History, Addis Abeba.
  • 1967 – (ed.) The Ethiopian Royal Chronicles, Addis Abeba.
  • 1982 – History of Ethiopian Towns from the Middle Ages to the Early Nineteenth Century, Wiesbaden.
  • 1983 – con G. Hancock y D. Willetts, Under Ethiopian Skies, Londres.
  • 1984 – History of Ethiopian Towns from the Mid-Nineteenth Century to 1935, Stuttgart.
  • 1997 – The Ethiopian Borderlands: Essays in Regional History, Lawrenceville.
  • 2001 – The Ethiopians: a history, Hoboken.

Se puede consultar un listado más exhaustivo en el blog de su mujer.

La figura de Pankhurst puede compararse con la de otros grandes estudiosos que trabajaron en Etiopía en el siglo XX, y cuyas obras aún son de referencia, tales como Enno Littman, Enrico Cerulli, Carlo Conti Rosini, Wolf Leslau, George W.B. Huntingford, o Tadesse Tamrat, entre otros.

Por fortuna, la familia Pankhurst continúa con la labor de Richard: sus hijos Helen y Alula son, desde hace tiempo, consagrados investigadores que han seguido la estela de su padre.

Que descanse en paz.

Etiopía: consejos de viaje

Estación de autobuses de Bahir Dar.

Etiopía no es un destino muy popular entre el viajero español, que sigue prefiriendo otros destinos africanos como Marruecos, Kenia, Tanzania o Sudáfrica. Sin embargo, desde hace unos años hay un creciente número de personas que eligen Etiopía como el lugar donde pasar sus vacaciones y, si se tiene la oportunidad de hablar con alguna de ellas, dirán que les dejó impresionado. Esto se explica por las enormes posibilidades de la oferta turística etíope y por la notable mejora de las infraestructuras de los últimos años.

Siendo cierto que su infraestructura turística ha mejorado mucho, sigue estando lejos de la comodidad de otros destinos más convencionales. Por ello, conviene conocer ciertos datos a la hora de planear el viaje, algunos de los cuales, curiosamente, no se mencionan en las guías o lo hacen sólo de pasada.

¿Cómo viajar? En viaje organizado o por libre.

La gran mayoría de la gente que viaja a Etiopía lo hace en algún paquete turístico. Por comodidad, quizá sea la opción más sensata, pero, como siempre pasa en estos casos, se depende demasiado del grupo, lo que resta independencia. También tiene sus ventajas, como el no tener que preocuparse por los desplazamientos, previamente organizados, o la posibilidad de ir acompañado por un guía nativo que hable español y que ahuyente a los numerosos personajes que intentarán sablear al incauto.

En nuestro caso, optamos por viajar por libre por el norte. Como podéis consultar en nuestro diario de viaje, la mayoría de los recorridos los hicimos en avión, aunque en ocasiones usamos minibuses, como los que unen Bahir Dar con Gondar, o Dire Dawa con Harar. Existen rutas de autobús que unen las principales ciudades del país, destacando las compañías Sky Bus y Selam Bus.

Usar los minibuses es toda una experiencia. Al llegar a la estación de autobuses, un grupo de personas se arremolinarán a tu alrededor para que elijas sus servicios. Normalmente, se escoge el que mejor coche pueda proveer -la seguridad vial es importante- y más lleno de clientes esté, ya que el minibus no sale hasta que no haya vendido todas las plazas. Conviene regatear los precios.

Dependiendo del gusto de cada cual, conviene realizar una advertencia: si vas a querer conocer todo el país, puedes elegir hacerlo en un viaje organizado o bien recurrir a una fórmula mixta: visitar el circuito norte por libre para después recorrer el sur con un turoperador. Comento esto porque el sur es realmente complicado para recorrerlo por libre: en temporada de lluvias, las carreteras son impracticables, lo que imposibilita que los minibuses hagan sus rutas habituales; dada la menor importancia de sus centros urbanos, las conexiones aéreas son casi nulas. Dicho esto, si alguien tiene el suficiente espíritu aventurero como para adentrarse en el sur etíope por su cuenta y riesgo, lo mejor es que lo haga en la temporada seca.

Planificando el viaje

Se dice que culturalmente hablando, existen tres Etiopías: la cristiana, que ocupa la región centro-norte; la musulmana, al este; y la amalgama de pueblos del suroeste, popularmente conocida como la “zona de las tribus” (sic). La mayor parte de los turistas eligen la Etiopía cristiana, donde se hace el recorrido clásico anular AddisBahir DarGondar-SimienAksumLalibela-Addis, otros visitan el norte y el sur, y muy pocos añaden a la combinación algún lugar de la Etiopía musulmana, escogiendo generalmente Harar.

¿Cuándo ir?

La elección de la temporada es importante dado que el clima puede condicionar mucho el viaje. El verano europeo (junio-agosto) coincide con la temporada de lluvias, lo que significa que lloverá todos los días sin excepción, lo que conviene tener en cuenta a la hora de planear el viaje, especialmente en lo tocante a vuelos y traslados por las embarradas carreteras del sur. Generalmente, se dice que la mejor época para visitar el país es septiembre, cuando empieza el año nuevo etíope, ya no llueve tanto y los paisajes están aún verdes. En marzo-abril se producen las llamadas pequeñas lluvias, días en que cae un chaparrón todos los días, generalmente a mediodía. Los meses más secos, como diciembre, gozan de buen tiempo todos los días, pero el exceso de polvo puede resultar muy molesto. En el suroeste, por sus condiciones climáticas, llueve de manera más frecuente que en el resto del país.

¿Cuánto tiempo?

Como mínimo, debemos dedicar entre ocho y diez días para conocer la ruta clásica del norte (Addis-Bahir Dar-Gondar-Simien-Aksum-Lalibela-Addis). Si a eso le añadimos el sur, de peores carreteras, habría que alargar el viaje a por lo menos tres semanas o un mes.

¿Cuánto dinero?

Aunque es un destino caro -el precio del billete de avión lo encarece mucho-, en general los gastos diarios no son muy elevados. Nosotros gastamos este verano, en 16 días, unos 2000€ por cabeza incluyendo los billetes de avión (Madrid-Addis ida y vuelta y 5 billetes internos). El precio del menú de cualquier restaurante es irrisorio -se puede comer por entre 1,5 y 2€ por cabeza-, e incluso en los más caros los precios varían entre 5 y 10€.

Guías

No hay muchas guías donde elegir para planificar el viaje, pero, al menos, en español hay dos fácilmente accesibles, publicadas por Bradt y Laertes. Sin embargo, si queremos algo más detallado sobre Bahir Dar y la zona del lago Tana, Gondar, Aksum, Lalibela, Harar y las iglesias del Tigray, recomiendo las guías de Arada Books. A día de hoy, son las mejores que existen en el mercado, con buenos mapas e información abundante sobre lugares que otras guías, por brevedad, ni siquiera mencionan. Están en inglés y se pueden adquirir en la librería Altaïr bajo demanda, o bien ya en Etiopía en Addis Abeba.

Aterrizando en Lalibela.

Elegir un vuelo

A la hora de elegir la compañía con la que queremos volar, debemos tener en cuenta qué tipo de viaje vamos a hacer: si tenemos prisa y queremos ver muchas cosas en poco tiempo, habrá que tomar varios vuelos internos. Si, por el contrario, disfrutamos de más días, a lo mejor preferimos viajar en bus o en coche privado, lo que nos permitirá disfrutar de los paisajes.

Ethiopian Airlines

La compañía nacional etíope tiene varias ventajas. La primera es que vuela directamente desde Madrid, si bien hace una escala técnica de una hora en Malta o en El Cairo, lo que acorta sustancialmente el vuelo. Cuando nosotros volamos este verano, salimos de Madrid a las 22:30 y llegamos a Addis a las 6:00 (hora local, que en verano es una hora más que en España). La segunda ventaja es que al comprar el vuelo desde España, el descuento a la hora de hacer vuelos internos es importante; en nuestro caso utilizamos cinco, así que la oferta nos abarató bastante el precio. Otro aspecto que nos gustó mucho es que nos permitiesen facturar dos maletas grandes completamente gratis y que en los siete vuelos no nos perdieran ni una sola maleta.

Turkish Airlines, Emirates, Qatar y Alitalia son otras de las compañías que unen Europa con Addis Abeba, si bien haciendo escalas que pueden llegar a ser bastante largas.

Los hoteles

La oferta hotelera en Etiopía mejora cada mes. En Addis Abeba es donde encontramos la mayor variedad. Sin embargo, en otros lugares como Gondar, Aksum o Bahir Dar, los hoteles, aún siendo muy modestos, cobran una tarifa estándar de 50$. Lalibela cuenta con alojamientos que, sin ser nada del otro mundo, valen la pena porque suelen estar ubicados en sitios desde donde se contemplan los paisajes circundantes. En Harar recomiendo la oportunidad de dormir en una casa tradicional harari (unos 15€ la noche). También existen, para el viajero más aventurero, hoteles espartanos por todo el país en los que es posible dormir por 1 o 2€. Que no se diga que no hay donde elegir…

El efecto farenji

Un blanco en Etiopía rara vez va a pasar desapercibido. Si bien cada vez más etíopes están acostumbrados a ver occidentales por sus ciudades, muchos van a acercarse al turista para saludarle mientras dicen “¡farenji, farenji!”, que significa “extranjero”. Algunos se limitarán a decir eso, otros querrán intercambiar unas pocas palabras en inglés y, sí, seguro que alguien se acerca para pedir dinero. En un país en el que la pobreza abunda, no debe extrañarnos. La mayor parte de las veces, con sonreír y seguir avanzando es suficiente, aunque en ocasiones puede resultar agobiante. Lo que nunca recomiendo es perder los papeles y comenzar a gritar, ya que puede resultar contraproducente.

Por todo el país vamos a encontrarnos a diferentes personajes sin escrúpulos que se nos acercarán para servirnos de improvisados guías. Generalmente, comienzan con una pequeña conversación en inglés (Hello, my friend, where are you from?), acto seguido se adaptan a tu paso, como acompañándote y, si tienes mala suerte y no los espantas antes (no, thank you, es la mejor fórmula), te ofrecerán una paupérrima visita guiada. Al finalizar, claro está, te pedirán una tarifa abusiva por sus servicios.

En caso de que necesitemos un guía, siempre hay que recurrir a uno oficial. En Aksum encontraremos la caseta justo al lado de la entrada del yacimiento del campo de estelas, en Gondar, el puesto está cerca del hotel Taye Belay, y en Lalibela, en la entrada del complejo de las iglesias. Con respecto a los guías, les dedicaré una entrada próximamente, ya que merece la pena advertir sobre las excursiones que se pueden contratar para evitar abusos.

Un grupo de niños en Addis Abeba.

Los niños

Etiopía, donde la media de edad es 18,9 años, es el país de los niños. Se vaya donde se vaya, es inevitable encontrárselos. En muchos sitios, se acercarán al turista en grandes grupos gritando “¡farenji, farenji!” y pidiendo dinero, lápices o chucherías. El propio gobierno etíope pide que no se les dé nada, por cruel que pueda parecer, ya que así se les anima a abandonar la escuela para practicar la llamada mendicidad turística. En algunos sitios esta práctica está siendo erradicada, como en Lalibela, donde una ONG local alimenta y cubre las necesidades de los más pequeños para que así no tengan que recurrir a la mendicidad. Cuando nosotros estuvimos en dicha ciudad en agosto de 2016, la mayor parte de los niños jugaban en la calle, te saludaban y se acercaban a hablar algo en inglés, pero, por fortuna, no pedían nada.

Riesgos para el viajero

Problemas de salud

La salud es lo más importante cuando se viaja -y para todo lo demás, por supuesto-, y también lo que más se puede resentir en un viaje. La mayor parte de los problemas que uno puede experimentar en el país son de tipo sanitario, lo que hace importantísimo que contratemos un buen seguro de viaje antes de partir.

Hay una serie de vacunas que son recomendadas antes de viajar al país: fiebre amarilla, hepatitis A, triple vírica y tétanos, entre otras. Conviene consultar primero con el médico de cabecera cuáles hay que ponerse.

La principal amenaza es la diarrea, con el problema de deshidratación que acarrea. Se calcula que afecta al 50% de los visitantes, poco acostumbrados a la especiadísima cocina etíope. Generalmente se soluciona con dieta blanda y suero hidratante. Si la cosa va a más, se puede tomar el antibiótico, que normalmente lo corta con rapidez, o, si no, siempre se debe acudir a un médico local. En la mayoría de los hospitales parte del personal habla inglés. Una ventaja del país es que se puede encontrar agua embotellada con facilidad. Y si lo tuyo no son las comidas fuertes, en casi todos los restaurantes pueden cocinar algo de pasta. La fruta hay que comerla pelada y las verduras, hervidas.

También hay que evitar bañarse en aguas estancadas por el riesgo de infectarse de esquistosomiasis. La vacuna contra la rabia sólo se recomienda si se va a visitar áreas de riesgo.

La malaria

Esta terrible enfermedad es endémica en el sur del país, mientras que en el norte, al estar por encima de los 2.000 metros, sólo afecta a Bahir Dar y la zona ribereña del lago Tana. No hay que jugársela: el tratamiento profiláctico ha de seguirse al pie de la letra. Conviene tomar las pastillas de Malarone -las que menos efectos secundarios producen- antes de entrar en una zona de riesgo, y seguir tomándolas una semana después de dejar el lugar. En muchos hoteles tienen mosquitera, pero comprueba que no tenga agujeros. Con respecto al repelente de mosquitos, ha de ser de tipo DEET 50%. Su efecto dura 8 horas y ha de aplicarse en las zonas que vayan a estar expuestas. Dos consejos: adquiérelo en España, ya que en Etiopía es difícil de conseguir, y nunca lo metas en la maleta de mano, ya que en el control del aeropuerto te lo quitarán al ser un aturdidor. Mételo siempre en el equipaje a facturar.

Seguridad. Pequeños hurtos

Etiopía es de los países más seguros  a los que uno puede viajar. Sin embargo, hay que decir que las recientes protestas oromo han creado una cierta situación de insegurida que en ocasiones ha acabado afectando a los turistas. Aunque recientemente el gobierno ha declarado el estado de emergencia, lo cual ha permitido estabilizar la situación (podemos imaginarnos cómo), conviene consultar antes de partir las indicaciones de seguridad del ministerio de exteriores español, francés o británico.

Los robos son raros en el país, pero hay que tener cuidado con la cartera en lugares de mucho bullicio como Merkato, en Addis Abeba, o en el transporte público. Los robos con violencia a turistas son poco comunes.

Áreas donde no es buena idea acercarse

Las áreas que generalmente se desaconsejan a los turistas son: la frontera con Eritrea (no son raros los intercambios de disparos), la zona del Ogaden, donde abunda el bandidaje herencia de la antigua guerrilla, la frontera con Sudán del Sur y ciertas zonas del Danakil. Si se opta por visitar este espectacular desierto, conviene hacerlo siempre en un grupo guiado y protegido por escolta, ya que varios turistas han sido asesinados por grupos armados.

Estos son los consejos que consideramos más importantes. Con el tiempo, puede que dediquemos una entrada a cada uno de los aspectos, a fin de poder ofrecer más información. Etiopía es un país maravilloso que, como veis, no resulta tan difícil de visitar ni tan caro. Sin duda, uno de los futuros destinos de moda en África. ¿Os animáis a conocerlo?

¡¡Feliz Navidad!! መልካም ገና!!

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Desde Reino de Aksum aprovechamos para desear a todas las personas que nos han acompañado a lo largo de este año una feliz Navidad y un próspero año nuevo 2017.

¡¡Feliz Navidad!! መልካም ገና!!

Imagen: icono de la Virgen y el Niño procedente de la iglesia de Ura Kidane Mehret. Segundo Estilo Lago Tana, Etiopía. Autor: Mario Lozano Alonso.

2ª edición del curso online de Historia del África Subsahariana Precolonial – CEPOAT (Universidad de Murcia)

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MATRICÚLATE AQUÍ

Tras el éxito del primero, el 1 de enero de 2017 comenzamos la segunda edición del curso online de Historia de África Subsahariana Precolonial, el cual impartiremos en el CEPOAT de la Universidad de Murcia. A continuación pasamos a indicar las características del curso. La programación es descargable aquí.

Presentación del curso

La historia del África Subsahariana es una gran desconocida entre el público español, en particular, y el europeo, en general. Por ello, consideramos necesario y útil para la sociedad la impartición del presente curso, dada la escasa oferta de formación en el área existente actualmente en el panorama académico español, a pesar de la creciente demanda de numerosos particulares e instituciones. El curso está abierto a todas aquellas personas que deseen formarse en este ámbito, si bien está especialmente enfocado a estudiantes del área de Humanidades, principalmente de los grados de Historia, Historia del Arte y Geografía, dada la estrecha relación que existe con los contenidos que estudian. Hoy por hoy, los planes de estudio de las universidades españolas apenas incluyen contenidos referidos a la historia de un continente que se halla a sólo 14 kilómetros de la península ibérica. Asimismo, creemos que este curso puede ser útil para el profesorado vinculado a las Ciencias Sociales, ya que la actual multiculturalidad existente en la sociedad y las aulas españolas hace deseable que conozcan los rudimentos de la rica historia africana.

Datos básicos

Profesor: Mario Lozano Alonso

Plazo de matrícula y beca: del 1/12/2016 al 26/12/2016

Lugar de presentación de matrícula on line: CASIOPEA

Email de contacto: cepoat@um.es

Teléfono de información: 666125197 — 0034 868883890

Destinatarios:
Profesionales y estudiantes de Historia, Arqueología, filología, alumnos y profesionales de licenciaturas y diplomaturas relacionadas, así como cualquier personas interesadas en el tema.

Temario:

  • 1 – Introducción y geografía. 1. Introducción geográfica. 2. Breve introducción a la historiografía africana.
  • 2 – Nubia: de Kerma a los reinos coptos. 2.1. Introducción geográfica. 2.2. Primeras culturas. 2.3. La cultura de Kerma. 2.4. La ocupación egipcia y el reino de Napata. 2.5. Meroe. 2.6. Los reinos cristianos coptos.
  • 3 – De Aksum a Etiopía: el Cuerno de África. 3.1. Introducción geográfica. 3.2. Antes de Aksum: los sabeos y D’mt. 3.3. El reino de Aksum. 3.4. La época oscura y los Zagwe. 3.5. El imperio salomónida. 3.6. La yihad de Ahmad Graññ. 3.7. Etiopía tras la yihad. 3.8. Los somalíes: nómadas y marineros.
  • 4 – Los imperios sahelianos (I): Ghana y Malí. 4.1. Introducción geográfica. 4.2. Djenné Djenno. 4.3 El imperio de Wagadu o Ghana. 4.4. El imperio Malí. 4.5. La cultura Nok.
  • 5 – Los imperios sahelianos (II): Songhai. 5.1. El imperio Songhai. 5.2. Los reinos Hausa 5.3. Kanem Bornu.
  • 6 – Culturas de la selva del Golfo de Guinea. 6.1. Introducción geográfica. 6.2. Los igbo. 6.3. Los yoruba. 6.4. El imperio de Benín. 6.5. Dahomey. 6.6. Los Asante.
  • 7 – El reino de Congo. 7.1. Introducción geográfica. 7.2. El reino de Congo. 7.3. Kuba. 7.3. Los reinos de Luba y Lunda.
  • 8 – Las ciudades-estado swahili. 8.1. Introducción geográfica. 8.2. La costa de Azania  en la Antigüedad. 8.3. Las ciudades swahili. 8.4. Los reinos de los Grandes Lagos.
  • 9 – El Gran Zimbabwe y el África Austral. 9.1. Introducción geográfica. 9.2. El Gran Zimbabwe. 9.3. El reino de Mutapa. 9.4. El reino Zulú. 95. Las repúblicas bóeres.
  • 10 – Madagascar. 10.1. Introducción geográfica. 10.2. Orígenes de los malgaches. 10.3.De los clanes a los reinos (Siglos XV-XIX). 10.4. El reino de Merina.

Evaluación:
Entrega de ejercicios tras cada tema.

Observaciones:
Para la realización de los curso hay que inscribirse y/o matricularse a través de la plataforma CASIOPEA, así como crear una cuenta para el Aula Virtual del CEPOAT a través de el área de registro de nuevo usuario: http://www.um.es/cepoat/aula/login/signup.php

Para el pago se requiere seguir los siguientes pasos:
Una vez formalizada la matrícula en CASIOPEA podrá realizar el pago mediante tarjeta de crédito, banca electrónica, recibo en Ventanilla y transferencia.
– El pago con tarjeta se realiza con el acceso desde la misma matrícula en CASIOPEA.
– El pago mediante banca electrónica deberá realizarse mediante la introducción de los datos del recibo obtenido en CASIOPEA. Son: Emisora – sufijo, Referencia, Identificación, Importe.
– El pago en ventanilla o pago en efectivo deberá realizarse mediante la personalización en alguna de las sucursales que tienen acuerdo con la universidad de Murcia, es decir, Santander, CajaMurcia, CAM y CajaMar.
– El pago mediante Transferencia deberá realizarse de la siguiente manera indicando necesariamente el concepto de ingreso:
Concepto: “RECIBO: (Indicar los 13 dígitos que tiene la referencia del recibo)” y dirigirla a la siguiente cuenta: ENTIDAD BANCARIA: Cajamar CUENTA: 3058 0361 36 2731000038
DOMICILIO: C/Marqués de los Vélez, 36, esq. C/Abenarabi 30008 Murcia
Para el pago Internacional**:
IBAN: ES1530580361362731000038 BIC/SWIFT: CCRIES2A Titular: UNIVERSIDAD DE MURCIA (C.I.F. Q3018001B) Domicilio: Avda Teniente Flomesta, 5 – 30003 – Murcia
**Debéis ir a un banco principal de vuestro país, ya que si vais a uno intermediario se producen dos comisiones y por consiguiente pago incompleto del curso, lo que conlleva realizar una segunda transferencia.

Excepcionalmente se admitirá el pago de la matrícula mediante Western Union, únicamente si no es posible la realización del pago internacional y previa comunicación con el CEPOAT para la autorización del proceso.

#100lecturasafricanas – Día 16: “El lugar del Aire”, de Dinaw Mengestu

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La entrada de hoy forma parte de algo mucho más grande, la iniciativa #100lecturasafricanas, diseñada por Sonia Fernández Quincoces para visibilizar, durante 100 días, las ricas literaturas que existen en el continente africano.

portada-el-lugar-del-aireEl lugar del aire

El libro que voy a comentar, El lugar del Aire, es obra del escritor estadounidense de origen etíope Dinaw Mengestu. Lo recomiendo primero porque me gustó mucho, y segundo porque no es fácil encontrar autores etíopes traducidos al castellano, a pesar de la importante tradición literaria etíope.

Como hijo de inmigrantes africanos, las novelas de Dinaw Mengestu tienen mucho de autobiográficas. En El lugar del aire, la trama gira alrededor de Jonas, hijo de una pareja de migrantes etíopes que huyen del régimen de Mengistu. Él es un aspirante a escritor con grandes carencias emocionales y propenso a mentir, consecuencia de una infancia marcada por la violencia y la falta de amor en el matrimonio de sus padres, casados en Etiopía por conveniencia.

En plena crisis con su pareja, Jonas decide replicar el viaje de novios de sus progenitores por Estados Unidos, el cual se convierte en una reflexión y búsqueda de su propia identidad. Conoceremos el duro relato de la emigración de su padre de Etiopía a Estados Unidos, las desilusiones de un matrimonio que nunca debió celebrarse y, también, los sueños rotos y las dificultades de los inmigrantes para alcanzar el supuesto Sueño americano.

Para terminar, sugiero la lectura de sus otras obras. Éstas son Children of Revolution, publicada en 2007, y Todos nuestros nombres (Lumen, 2015), donde se observa que el tema del migrante africano en América es uno de los favoritos del autor.

Si quieres ampliar más sobre la figura y obra de Dinaw Mengestu, puedes leer el artículo que escribí para un curso en Wiriko, o el que publiqué anteriormente en Reino de Aksum.

En otras webs:

Diario de un viaje por Etiopía – Harar, la ciudad santa del islam etíope (VIII)

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El mercado de Zagah Uga. Al fondo, la puerta de Asma’adin.

A cualquier etíope que se le pregunte sobre cuál es la ciudad musulmana más importante del país, responderá sin titubear que Harar. Entre los siglos XV y XVI fue la capital indiscutible del islam en el Cuerno de África, ya que era un centro de enseñanza islámico parangonable con Tombuctú. Su impresionante número de mezquitas y santuarios sufíes hace que sus habitantes aseguren que se trata de la cuarta ciudad más santa del islam.

Sin embargo, no es un enclave especialmente monumental. Comparada con otras grandes urbes clásicas musulmanas como El Cairo, Damasco o Marrakech, Harar sale mal parada. Pero quienes la han visitado insisten en que tiene algo que engancha: quizá sean sus coloridas callejuelas, los hermosos vestidos de las mujeres hararis, los mercadillos que ocupan las plazas principales o los numerosos santuarios sufíes que uno se puede encontrar en casi cada esquina. O puede que sea todo eso combinado lo que la hace tan especial.

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La carretera a Harar asciende por las montañas Ahmar.

Llegar a Harar no es precisamente sencillo. Alejada al este de la ruta tradicional, para llegar a ella hay que pasar casi necesariamente por Addis Abeba. Desde allí, hay varias opciones de viaje: o bien tomamos un autobús que, tras nueve horas y media de viaje nos deje en Harar, o bien tomar un avión o un tren hasta Dire Dawa y, desde allí, un breve recorrido de poco más de una hora en microbús hasta la ciudad amurallada. Nosotros optamos por el avión (50 minutos de vuelo) por ser la opción más rápida.

Dire Dawa, en pleno Rift, nos recibió con un calor aplatanante, lo propio de una ciudad que es la puerta de la tórrida depresión de Danakil. Segunda ciudad del país por población, apenas tiene cien años. A comienzos del siglo XX, la compañía francesa que construía el ferrocarril Addis-Yibuti quería que éste llegase a la vieja ciudad de Harar. Sin embargo, construir una vía que escalase los montes Ahmar desde el valle del Rift resultaba demasiado caro, por lo que en 1902 decidieron construir una nueva ciudad a 55 kilómetros de Harar, bautizándola como Addis Harar (Nueva Harar). Sin embargo, los somalíes preferían el nombre Dirir Dhabbe, camino de la guerra, que pronto se convirtió en el amhárico Dire Dawa, colina sin cultivar. Poco tiempo después, la nueva ciudad, conectada por tren con el mar, atrajo a muchos de los comerciantes hararis y a gente de todo el país, convirtiéndose en una de las más prósperas de Etiopía mientras la vieja Harar languidecía.

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La icónica Asma’adin Bari o Puerta de Shewa.

Llegamos, finalmente, a Harar, la última etapa de nuestro viaje. Al salir del recinto que hace las veces de estación de autobuses, lo primero que encontramos es la puerta de Asma’addin o de Shewa, que se ha convertido en el símbolo de la ciudad. Es una de las seis puertas que hoy horadan la vieja muralla harari, la única que se conserva en todo el país. En los alrededores de la puerta hay un bullicioso mercadillo callejero que penetra en la medina ocupando buena parte de la Zagah Uga, antiguamente una de las arterias principales de la ciudad. Debemos bajar por esta calle para llegar a la casa tradicional Rewda Wober, donde nos alojaremos. Encontrar algo aquí nunca es tarea fácil, pero los lugareños son amables y nos acompañan hasta la casa, que no cuenta con ningún cartel exterior. En cualquier caso, quienes deseen una buena guía de la ciudad les recomiendo que adquieran la publicada en inglés por Arada Books, con buenos planos y las ubicaciones exactas de los puntos de interés, que en ocasiones se hallan ocultos en patios interiores.

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Mezquita del Imán Ahmad.

Como he dicho antes, Harar es la principal ciudad musulmana del país, no tanto por su tamaño como por su significado histórico y cultural. Entre sus peculiaridades destaca tener su propia lengua, el harari, cuyo uso se limita a la ciudad y a algunas aldeas de alrededor. Harar empezó a ser importante en el siglo XIV, cuando todas las caravanas que unían el Macizo Etíope con el puerto de Zeila, en el Mar Rojo, paraban aquí. Ya en el siglo XVI era la principal urbe del sultanato de Adal, convirtiéndose en su capital cuando Ahmad Graññ, el imán zurdo, comenzó en 1529 su larga yihad de conquista contra el imperio etíope. Y a punto estuvo de ganar cuando, en 1541, 400 mosqueteros portugueses desembarcaron en Massawa –hoy Eritrea- al mando del Cristóbal de Gama, hijo de Vasco de Gama, para apoyar al emperador etíope Gäladewos. Finalmente, Ahmad Graññ murió en la batalla de Zäntära (Wäynä Däga). La guerra terminó ahí, pero ambos estados quedaron tan debilitados que los oromo, belicosos nómadas, aprovecharon para penetrar y ocupar nuevas tierras antaño cristianas y musulmanas. De hecho, el sucesor de Ahmad Grañ, el amir Nur, rodeó la ciudad de murallas para contener los ataques de los oromo. Empezaba así una larguísima decadencia que la llevaría a perder su independencia a finales del XIX, cuando primero se convirtió en colonia egipcia y luego fue anexionada por Menelik II.

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Makina Guirguir.

Lo bueno de Harar es que la mayoría de los puntos de interés se concentran en la medina amurallada, llamada por los lugareños jugol. El corazón de la ciudad es la plaza de Faras Magala (Mercado de caballos), presidida por la iglesia de Medhane Alem, levantada tras la conquista de la ciudad por los etíopes, en 1887. Desde allí parten las tres arterias principales de la ciudad: la primera, ancha y rectilínea como una cicatriz que desentona con el resto de la medina, Andeña Menged, parte hacia el oeste, donde se abre la fea Puerta del Duque; la segunda, Amir Uga, serpentea hacia el este, el barrio en que se encuentra la mezquita principal; y la tercera, la encantadora Makina Guirguir, llamada así por el ruido de las máquinas de coser de sus numerosos sastres, nos dirige hacia la explanada de Guidir Magala.

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Callejuelas de la medina de Jugol.

Guidir Magala es el mercado más antiguo de la ciudad, fundado probablemente en el siglo XIII. Fue remodelado por los italianos durante su ocupación de Etiopía, construyendo una mezquita y los dos edificios centrales del mercado cubierto. Además de todo tipo de productos básicos del día a día, pudimos ver puestos de venta de khat, la famosa planta cuyas hojas se mascan por sus efectos estimulantes. Su consumo es muy popular en esta zona de Etiopía, pero también en Yemen, Yibuti y Somalia.

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Qubbi del Emir Nur.

Cerca de Faras Magala está el qubbi (tumba cupulada) del emir Nur, constructor de la muralla de la ciudad y bravo soldado que intentó, infructuosamente, continuar la yihad de su antecesor, Ahmad Graññ. En el pequeño patio hay una mezquita abierta y varias tumbas. Conviene hacer una breve advertencia: aunque la mayor parte de los musulmanes de la ciudad veneran a los santos, se debe tener en cuenta que no se parece en nada al sufismo de otros países como Turquía, en el que se puede contemplar a los derviches danzantes en algunos tours turísticos. En Harar esto no sucede, así que debemos pedir permiso para acceder a las mezquitas o para participar en cualquier ritual. Si se nos niega, lo mejor es no insistir, sonreír y continuar hacia otro sitio.

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Uno de los minaretes de la mezquita Aljama.

Volviendo a Amir Uga, en ella se yerguen los dos minaretes gemelos de la mezquita principal de la ciudad. El acceso a su interior siempre debe hacerse pidiendo permiso, y se puede pedir una pequeña propina. Cerca se halla la única iglesia católica de la ciudad, un modesto edificio oculto entre otras casas. En la misma calle podemos visitar el centro cultural harari, que es en realidad una exposición permanente sobre una casa tradicional.

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Fachada del Centro Cultural Rimbaud.

En las callejuelas que dan a Makina Guirguir encontramos dos interesantes edificios habilitados como museos. El primero es el centro cultural Rimbaud, ubicado en la antigua casa de un comerciante hindú, donde se ha habilitado un museo sobre la estancia del genial poeta francés en la ciudad. En realidad, de su tiempo en Harar (1880-1891) sólo se conservan algunas fotos y un puñado de cartas, ya que Rimbaud vivió dedicado al contrabando de armas y el comercio de café, abandonando la poesía. El otro edificio es la casa donde vivió Haile Selassie, el último emperador etíope, una espléndida casa donde hoy se conserva la biblioteca más importante de la ciudad y numerosos objetos culturales harari.

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Casa de Haile Selassie.

La Puerta del Duque marca el comienzo de la ciudad nueva, ubicada al oeste y planificada por los italianos. Organizada a partir de la gran avenida de Charleville –en homenaje a la ciudad natal de Rimbaud-, esta zona de la ciudad gustará a quienes les interese la arquitectura modernista italiana colonial. Merece la pena ver la estatua ecuestre de Ras Makonnen, en la plaza central.

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Estatua de Ras Makonnen.

Las murallas merecen en sí mismas una visita. Con sus 3.342 metros de longitud, abarcan 48 hectáreas de terreno. Se conservan bastante bien, e incluso las cinco puertas originales han superado el paso del tiempo, aunque con restauraciones. Las cinco puertas originales son: Assum Bari, orientada hacia la Meca; Argob Bari, hacia el este; Suqutat Bari, hacia el sureste; Badro Bari, hacia el sur y Asma’adin Bari, también conocida como de Shewa porque de ella partía el camino hacia esa región. Entre las puertas de Argob Bari y Suqutat Bari se encuentra el curioso santuario de Sheikh Ansar Ahmed, incrustado en el tronco de un sicomoro. No lejos de él se encuentra el lugar donde, al atardecer, el hombre hiena da de comer a esos animales carroñeros.

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Santuario del Sheikh Ansar Ahmed, junto al lugar del hombre hiena.

Si hemos completado la visita de estos lugares, que no debería llevarnos más de un día, podemos disfrutar del resto de la vieja medina. Harar tiene 82 mezquitas entre sus muros, y no, no es una exageración; de hecho, los harari afirman que llegó a haber 99, una por cada nombre de Allah. A este altísimo número de mezquitas habría que añadir otro tanto de santuarios y tumbas de santos sufíes. Recomiendo al viajero que se pierda, sin rumbo fijo, por las callejuelas de Harar. En unas conocerá el silencio, mientras que en otras será molestado por grupos de niños que le seguirán hasta que se cansen. Fíjese en los detalles de los tejados para diferenciar las mezquitas, busque las casas tradicionales que se pueden visitar y maravíllese con sus ricos interiores. Y, por supuesto, no se vaya de la ciudad sin probar el café que le ha dado fama.

Diario de un viaje por Etiopía – Lalibela, la Jerusalén etíope (VII)

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El vuelo desde Aksum a Lalibela apenas dura media hora. Un ahorro más que notable en tiempo si calculamos que en autobús público podemos tardar entre día y medio y  dos días. El aeropuerto está lejos de la ciudad, a 11 unos km por una carretera en construcción que hace que el trayecto dure casi tres cuartos de hora. Sin embargo, el paisaje de las montañas de Werwer –la región en la que se enclava Lalibela- es tan absolutamente espectacular que el tiempo pasa volando y, casi sin darnos cuenta, pronto entramos en esta ciudad que, más bien, parece una aldea colgada de las montañas.

Y es que Lalibela tiene unos 20.000 habitantes desparramados por las verdes colinas que rodean al que, con seguridad, es el conjunto arquitectónico más importante y visitado del país. Las calles, que en realidad se reducen a unas pocas, serpentean siguiendo las curvas de nivel de las montañas, lo que aumenta la sensación de estar en un pueblo grande más que en una ciudad. Pero conviene no subestimar el tamaño de Lalibela: siempre vamos a caminar en cuesta y, aunque las distancias parezcan cortas, algunos puntos de interés están muy lejos unos de otros. Escogimos un hotel situado en uno de los extremos de la ciudad para disfrutar de las vistas de las montañas. Aunque se acaba pagando un poco más que en otro tipo de alojamiento, merece la pena desayunar observando los espectaculares quebrantahuesos que sobrevuelan el paisaje.

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Vista desde el hotel.

Lalibela, capital de la dinastía de los Zagwe

Los orígenes de la ciudad de Lalibela se pierden en las tinieblas de la historia. La tradición dice que la fundó el rey Gebre Meskel Lalibela en el siglo XII, pero la arqueología indica que el asentamiento humano es anterior. Su primer nombre, Roha, probablemente proceda del nombre siriaco de la ciudad de Edesa, ܐܘܪܗܝ‎ Urhāy, conquistada en el siglo XII por los musulmanes. Lalibela, como miembro de la dinastía de los Zagwe, de etnia agaw, era considerado por los semitas etíopes un usurpador de la verdadera monarquía aksumita. Por ello quiso ganarse el corazón de sus súbditos respaldando la construcción de espectaculares iglesias. ¿Qué mejor manera de legitimarse en el poder que siendo el mayor valedor de la fe?

La leyenda cuenta que, tras la conquista de Jerusalén en 1187, un ángel le mostró en sueños al rey Lalibela el lugar donde había nacido, pidiéndole que construyese allí una réplica de la ciudad santa. Se dice que, mientras los obreros del rey trabajaban de día, un equipo de ángeles lo hacía de noche, terminándola en 23 años. La importancia de Lalibela como Nueva Jerusalén se refuerza por los muchos topónimos de la zona que fueron rebautizados: así, el arroyo que la atraviesa se llama Yordanos (Jordán), y también encontramos un Monte de los Olivos y un Gólgota, entre otros. Actualmente, es el centro de peregrinación más importante del país, por encima de Aksum, ya que se considera que los beneficios espirituales al visitarla son los mismos que se reciben al ir a Tierra Santa.

Las iglesias de Lalibela. Complejo Norte

La construcción de iglesias excavadas en la roca data de época aksumita, pudiendo encontrarse muchos ejemplos en prácticamente toda la región central del altiplano etíope. Sin embargo, en ningún otro lugar de Etiopía se concentran tantas y de una calidad artística tan remarcable.

Excavadas en escoria de basalto, son 11 iglesias de las cuales cuatro están completamente separadas de la roca madre por fosos, mientras las demás forman complejos hipogeos conectados por trincheras y galerías. Aunque no hay acuerdo sobre la cronología exacta, se cree que se construyeron entre los siglos XII y XIII, empleándose a miles de trabajadores para su construcción. Los diferentes estilos indican un dilatado trabajo en el tiempo, mucho mayor que los 23 años de la leyenda.

Los templos se concentran en tres grupos: el primero, situado al norte, de evidente origen religioso; el sureste, que por sus extrañas formas y fosos algunos sugieren que pudo ser en origen un recinto palaciego; y, por último, la solitaria iglesia de Bete Giyorgis.

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La primera concentración de iglesias monolíticas se organiza a partir de un eje monumental compuesto por las iglesias de Medhane Alem y Bete Maryam. Ésta, de planta rectangular y con tres gráciles pórticos de acceso, ocupa el centro del patio alrededor del cual se organizan el resto de templos. En los flancos del patio se hallan las iglesias de Bete Dengel (Casa de las Vírgenes) y Bete Meskel (Casa de la Cruz). A través de un pasadizo podemos acceder a la mayor de todas: se trata de la espectacular Medhane Alem (Salvador del Mundo) que, rodeada por 30 pilares, cuenta con 33 metros por 23 de ancho y 11 de alturas. Dentro, se organiza en cinco naves gracias a 16 pilares unidos entre sí mediante arcos de medio punto. La escasa luz que entra por las pequeñas ventanas de estilo aksumita permite crea un ambiente de recogimiento idóneo para la oración.

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Al sur del patio de Bete Maryam, podemos acceder al último templo que nos queda por conocer de este complejo: se trata de Bete Golgotah-Mikael-Selassie, donde yacen los restos del emperador Lalibela. En realidad, se tratan de tres estancias comunicadas entre sí. La primera, Debre Sina, está dividida por ocho pilares cruciformes. De ahí pasamos al espacio Lalibela-Mikael, en cuyo Sancta Sanctorum –inaccesible- se encuentra la tumba de Lalibela. Destacan los relieves de santos que ocupan los grandes nichos de la capilla. Esta parte está vetada a las mujeres, por desgracia. La última capilla es la cripta de Selassie, con sus tres altares monolíticos.

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Complejo Sureste y Bete Giyorgis

El complejo sureste es el que ofrece mayores dudas a los arqueólogos sobre cuál pudo ser su función original, ya que algunos autores sugieren que pudo ser el área palatina de los Zagwe. La idea se refuerza en la zona de entrada al complejo: la fachada de la iglesia doble de Gabriel y Rafael, precedida por un profundo foso y sus nichos de arcos apuntados, parece más la entrada monumental de un edificio civil que un templo. Cerca de estas dos iglesias se halla la de Bethlehem, posible horno de cocción del pan de comulgar (Bet lehem significa en hebreo casa del pan) o eremitorio real.

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Entrada por la iglesia doble de Bete Gabriel Rafael.

La idea de una posible función palaciega se refuerza al entrar en Bete Merkorios, una gran sala hipóstila que pudo funcionar como sala de audiencia real. Ahí pudimos escuchar a un grupo de sacerdotes cantando en ge’ez, la lengua litúrgica del cristianismo etíope. Una experiencia inolvidable.

En el centro de un patio excavado en la roca, se erige Bete Emmanuel. Posible capilla palatina para uso exclusivo de la familia real, la influencia de la arquitectura aksumita es palpable en cada rincón del templo. Una vez en el interior, conviene fijarse en los detalles decorativos.

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Fachada de Bete Emmanuel.

La última iglesia de este complejo es Bete Libanos, accesible tras pasar por un curioso conjunto de escaleras y fosos, y construida en el interior de una cueva como si fuera el gran pilar que sostiene la bóveda. La decoración exterior es sencilla pero sublime: dividida por cinco pilares, hay tres ventanas de arcos apuntados, cuatro ventanas cruciformes y una pequeña puerta de acceso. Merece la pena contemplar el interior, con su nave central más elevada y su decoración.

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Acceso a Bete Libanos.

Bete Giyorgis es, sin duda, la joya de Lalibela. Se trata de la iglesia más tardía del conjunto y, quizá por ello, la más refinada de todas en cuanto a su calidad artística. Ubicada en el medio de un foso cuadrangular, tiene una inusual planta de cruz griega que le da un aire de torreón. Elevada sobre un falso podio de 3 escalones, sus doce lados cuentan cada uno con una ventana ojival con decoración vegetal. Su interior, aunque más modesto que otros, muestra una elegante sobriedad.

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Bete Giyorgis, la más célebre de las iglesias de Lalibela.

Para terminar nuestra visita a la ciudad, recomiendo parar a comer en el restaurante Ben Abeba. De estrambótica arquitectura, sus terrazas suspendidas ofrecen unas espectaculares vistas de los valles de Werwer. Además, los camareros que lo atienden son muy simpáticos y la comida, excelente.

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Vista desde una de las terrazas-miradores de Ben Abeba.

Yemrehane Krestos

A unos 42 kilómetros de Lalibela podemos visitar la fantástica iglesia de Yemrehane Krestos, construida en el interior de una cueva. El trayecto desde Lalibela dura hora y media (la carretera está en construcción) hasta el pueblo del mismo nombre, desde donde hay que dejar el coche para proceder a la ascensión hacia el templo mediante una escalera recientemente construida. El paseo es muy grato ya que atravesamos un bosque de juníperos y, si se tiene la suerte de visitarlo en temporada de lluvias, a la entrada de la cueva veremos caer una cascada.

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Aunque la tradición dice que la construyó a mediados del siglo XII el rey homónimo, lo más probable es que se edificase a mediados del XIII. Su exterior alterna franjas de enlucido blanco con otras de vigas de madera. Su apariencia exterior es, a juicio de los especialistas, el más claro ejemplo de pervivencia de la arquitectura tradicional aksumita en época tardía. Cuenta con 26 ventanas, cada una de ellas diferente. Su planta es basilical, con cuatro pilares que organizan el espacio en tres naves. En la central encontramos un espectacular artesonado de madera. Las cubiertas del interior son planas, no abovedadas, siendo las nueve diferentes. El santuario de la iglesia, orientado hacia el este, está cubierto por una cúpula. La decoración interior del templo es magnífica, con numerosos motivos entrelazados, destacando los motivos cruciformes de los intradós de los arcos.

Detrás del templo, en lo más hondo de la cueva, encontraremos los macabros restos de los miles de cadáveres de peregrinos que escogieron este lugar como el de su eterno descanso. Cerca de ellos veremos la tumba del propio rey Yemrehane.

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Fachada de Yemrehane Krestos.

En la comarca circundante de Lalibela hay muchas iglesias excavadas en la roca o construidas en el interior de cuevas. Quienes deseen conocerlas conviene que contraten algún servicio de coche y guía en la propia Lalibela. La más cercana es la de Na’akueto La’ab, ubicada cerca de la carretera del aeropuerto, y es famosa porque en ella yacen los restos del santo rey homónimo, sobrino y sucesor de Lalibela. Similar en estilo constructivo a las iglesias rupestres de Lalibela es la iglesia de Gennata Maryam, construida, según la tradición, por Yekuno Amlak, fundador de la dinastía Salomónida en 1270.

Para concluir, creo sinceramente que ningún relato o fotografía hace justicia a la grandiosa belleza de Lalibela; es más, es necesario experimentarla, estar allí y ver cómo naturaleza y obra del hombre forman un conjunto tan espectacular. No en vano, quiero hacer mías las palabras del portugués Francisco Álvares, uno de los primeros europeos que contempló estas maravillosas iglesias en la lejana década de 1520:

Enfádome de escribir más sobre estas obras [las iglesias], porque me parece que no me creerán si escribo más y porque, a lo que he escrito, me podrán tachar de no ser verdad, por tanto juro por Dios en cuyo poder estoy que todo lo escrito es verdad y mucho más de lo que vi y dejé para que no me tachasen de mentiroso. Francisco Álvares. Verdadeira informação das terras do Preste João das Índias. Lisboa, 1943.

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