Reino de Aksum

Cultura etíope y eritrea

Etiqueta: Amhara

Frases célebres (III): «Libro de Lalibela»

Aprovechando que en los próximos días os presentaremos un proyecto en el que llevamos tiempo trabajando sobre Lalibela, os dejamos este fragmento de la «Vida de Lalibela», hagiografía del rey que dio su nombre a la antigua ciudad de Roha, hoy mundialmente conocida por sus iglesias monolíticas.

¿Qué está pasando en Etiopía? (II). Una crisis que se vuelve crónica

Última actualización: el gobierno etíope declaró el 8 de octubre el estado de emergencia, que estará en vigor seis meses.

Ya hablé hace un par de meses de cómo la situación política en Etiopía está entrando en una peligrosa espiral de violencia.  Lamentablemente, desde que escribí esa entrada hasta el día de hoy, la situación, en vez de mejorar, ha empeorado notablemente. Aunque la mayoría de las protestas están ocurriendo en el estado federal de Oromia, también se han extendido a otros vecinos, principalmente en el de Amhara. Por eso, en lugar de protestas oromo prefiero hablar de protestas civiles, ya que han dejado de ser exclusivas de un grupo étnico.

La raíz del poder tigriña, o cómo el 6% manda al 94% restante

Durante la guerra civil que llevó a la caída del Derg en 1991, la milicia del TPLF (Frente de Liberación del Pueblo Tigriña) fue la que llevó la voz cantante en las operaciones militares, especialmente tras la batalla de Indesellasie (Shire), en 1989.  El TPFL está integrado en el EPRDF, un partido compuesto por otras organizaciones de base étnica amhara y oromo, y que desde 1991 es quien lleva las riendas del país. En cualquier caso, en él son los tigriñas quienes mandan.

Aunque en 1995 se aprobó una constitución modélica que convertía a Etiopía en un estado federal dividido en estados regionales de base étnica, pronto el gobierno del primer ministro Meles Zenawi, el nuevo hombre fuerte del país, comenzó a restringir la democracia. La oposición fue cada vez perdiendo más escaños en el parlamento de la nación, hasta el punto de que en 2015 el EPRDF ganó 500 de los 547 diputados de la cámara. Las acusaciones de fraude y las protestas no lograron cambiar ni un ápice del descarado resultado.

La hora de Oromia

Tras la muerte del carismático Meles Zenawi, en 2012, le sucede Hailemaryam Desalegn, de la etnia wolayta. Aunque tanto el presidente -un oromo- como el primer ministro no son tigriñas, lo cierto es que la mayor parte de los altos cargos de la administración pertenecen a esta etnia, lo que provoca no pocas tiranteces entre los otros grupos del país, especialmente en los oromos, que son el 35% de una población de 100.000.000 de habitantes. Los oromo aseveran estar infrarrepresentados tanto a nivel gubernamental como a nivel del reparto del presupuesto nacional.

Si a esto le añadimos que el crecimiento económico etíope está siendo espectacular, con cifras anuales por encima del 10% anual, cabe preguntarse hasta qué punto existe un reparto económico justo. Y la respuesta es que no lo hay. Las propias medidas de control de la economía que se ejercen desde el gobierno dificultan la más que necesaria liberalización económica, a la que hay que sumar la existencia de una red clientelar de personas afines al gobierno que son quienes controlan los grandes sectores económicos. Por poner un ejemplo, la tasa impositiva por la compra de un vehículo nuevo en Etiopía alcanza tales precios que lo vuelven prohibitivo para la inmensa mayoría de la población. De ahí que el parque automovilístico del país sea increíblemente viejo.

La bonanza económica ha facilitado la aparición de una nueva clase media urbana y rural. Las universidades creadas en los últimos años albergan a 700.000 estudiantes y han egresado a 500.000 titulados. Existen 46.000.000 de teléfonos móviles y 13.000.000 de etíopes tienen conexión a internet. Nos encontramos, pues, ante un grupo social que comprende los problemas sociales y exige cambios.

Como podemos ver, el caldo de cultivo ideal para las protestas está servido: dictadura, discriminación, corrupción política, gestión económica ineficiente y así un largo etcétera.

Feyisa Lilesa y el símbolo de una lucha

Habrá que esperar a los Juegos Olímpicos de Río para que la crisis etíope comience a interesar a la mayoría de los medios de comunicación internacionales.  En la maratón olímpica , el atleta oromo Feyisa Lilesa, segundo en la prueba, cruza la línea de meta con los brazos cruzados por encima de su cabeza. El gesto, utilizado durante las protestas oromo, supuso un buen altavoz para unas protestas hasta entonces ignoradas por la prensa. El atleta rehusó volver a Etiopía por miedo a posibles represalias.

El 3 de septiembre, un incendio en la cárcel de alta seguridad de Qilinto, en Addis Abeba, mató a 23 personas, siempre según fuentes del gobierno. El lugar es famoso como centro de detención de presos políticos.

Muchos de los manifestantes señalan a la etnia tigriña, la dominante en el gobierno de la nación, como la responsable de las matanzas. Lamentablemente, esto ha provocado que muchos tigriñas hayan sido atacados en septiembre en el estado regional de Amhara, haciendo que muchos tuvieran que huir de Gondar a Sudán.

Avalancha mortal en Bishoftu

El 2 de octubre, la ciudad de Bishoftu (Debre Zeyit), a 40 kilómetros al sur de Addis Abeba, acogió la celebración del festival religioso del Irreecha, en el que los oromo agradecen a su deidad suprema, Waaqa, los bienes obtenidos. Lo que estaba siendo una jornada festiva se transformó pronto en una protesta política, ya que algunos participantes empezaron a ondear banderas del OLF (Oromo Liberation Front, un partido nacionalista considerado terrorista por Addis Abeba) y a gritar consignas contra el gobierno. A fin de dispersar la multitud, la policía comenzó a lanzar pelotas de goma y realizar disparos al aire, provocando que la gente se asustase formando una estampida que provocó 55 muertos.

Desde ese día, las protestas no han cesado, a pesar de que Addis Abeba declarase tres días de luto oficialAlgunos de los medios partidarios del gobierno han realizado acusaciones tan delirantes como que las protestas están respaldadas por Egipto, país con el que Etiopía mantiene tensas relaciones diplomáticas por el asunto de las aguas del Nilo, y Eritrea, cuya hostilidad hacia Etiopía es más que patente.

El 5 de octubre se supo que el gobierno había ordenado la detención del periodista Seyoum Teshome, conocido crítico del modo de actuación de la policía durante las protestas. Etiopía se ha convertido en uno de los países más opresivos con el periodismo. En esa misma fecha, saltó a la luz la muerte de una investigadora estadounidense, apedreada en su vehículo cuando transitaba por las afueras de la capital. Un hecho inusual que se ha querido vincular con la inseguridad creciente que vive el país.

¿Y ahora, qué va a pasar?

Mientras tanto, el gobierno etíope sigue a lo suyo. En lugar de abrirse a la posibilidad de comenzar una vía aperturista e implementar reformas que lleven hacia un sistema plenamente democrático, realiza cambios en los altos cargos más destinados a maquillar el supuesto nuevo reparto étnico del poder que a suponer una verdadera apertura política. El más reciente, el nombramiento de nuevos miembros de la cúpula militar, en el que los generales tigriñas pasarán de ser mayoría  a cuatro de un total de doce.

Aunque las movilizaciones populares están poniendo al gobierno etíope muy nervioso, éste aún tiene la sartén por el mango. La mayor parte de las fuerzas de seguridad le son fieles, principalmente porque ven bien los logros económicos obtenidos hasta la fecha. El mayor problema consiste, a mi juicio, en que la situación se vuelva crónica y, cada dos por tres, hablemos de centenares de muertos en protestas. Eso por no hablar de un riesgo de guerra civil interétnica, algo que ya algunos miembros de la oposición han sugerido. El gobierno ha de dar su brazo a torcer y comenzar un proceso de diálogo político que permita los cambios sociales y económicos que la mayoría de los etíopes ansían. Tal y como gritan los que salen a la calle a protestar, matar no es la respuesta a nuestras quejas.

 

Diario de un viaje por Etiopía – Gondar (2ª parte), Montañas Simien y Gorgora (V)

Baños de Fasiladas, Gondar.

Continuamos nuestro recorrido por Etiopía en el tercer episodio de nuestro diario de viaje. El original se publicó el 25 de septiembre en el diario digital leonés ileon.com. Todas las fotos y vídeos han sido tomados para este blog.

Los baños de Fasiladas y el palacio de Kuskuam

Hacia el oeste del centro urbano de Gondar encontramos los Baños de Fasiladas, una construcción curiosa a los ojos del europeo. Se trata de un pabellón almenado elevado por varios arcos en medio de un estanque. Accesible a través de un puente de dos arcos, parece un pequeño castillo con sus ventanas de ladrillo rojo y sus balcones.

Aunque hoy se utiliza casi exclusivamente para las ceremonias religiosas del Timkat, en origen su uso era mucho más lúdico y profano. Cerca de Gondar, en Azazo, el emperador Susenyos hizo construir un pabellón en un estanque muy similar al de Gondar, aunque anterior. Hoy sólo quedan sus cimientos, pero las crónicas dicen que lo construyeron los jesuitas –de nuevo la alargada sombra de Páez y sus camaradas- para que el emperador pudiera deleitarse desde el balcón observando cómo sus súbditos navegaban por el estanque a bordo de pequeñas tankwas. El lugar, apartado del ajetreo urbano, tiene un ambiente especial que lo convierte en uno de los monumentos más bonitos de la ciudad.

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Las elegantes ruinas de la sala de recepción de la reina Mentewab, en Kuskuam.

El palacio de Kuskuam se ubica en una colina a poniente, ya a las afueras de Gondar. El paseo hasta allí bien vale la pena, ya que atravesamos un área de transición entre la ciudad y el campo. Por su belleza, se entiende que fuese el lugar favorito de la reina Mentewab, quien ordenó construir un palacio para retirarse del mundanal ruido. La iglesia original, que debió albergar impresionantes pinturas del Segundo Estilo Gondarino, fue destruida por los mahdistas sudaneses en 1888 y reconstruida por Haile Selassie ya en el siglo XX. El resto del complejo, compuesto por el palacio de retiro de la reina, nunca fue reconstruido, formando una especie de pequeño Fasil Ghebbi. Aún hoy puede verse la fachada de la sala de recepciones, los restos del área de baños y el oratorio que usaba la reina cuando, por la restricción eclesiástica etíope, no podía entrar en la iglesia durante la menstruación. En el pequeño museo del complejo se conservan, en un minúsculo ataúd acristalado, los esqueletos de Mentewab, su hijo Iyasu II y su nieto Iyoas.

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Piazza, el centro urbano de Gondar, presidida por la estatua del emperador Tewodros.

Por último, no quiero dejar de hablar del agradable barrio de Piazza, el centro urbano, construido durante la ocupación italiana. Lleno de edificios racionalistas, tan al gusto del Fascismo, algunos son ciertamente valiosos, como la oficina de correos, que preside la plaza principal. Justo enfrente se encuentra el Ethiopia Hotel, con un bar de indudable sabor italiano.

El pueblo judío

A unos pocos kilómetros al norte de Gondar se encuentra el pueblo de Wolleka, uno de los muchos antiguamente habitados por los falashas, los poco apreciados judíos etíopes. Estos hebreos, que se autodenominan Beta Israel (Casa de Israel), huyeron de siglos de marginación en los 80 tras cruzar en durísimas condiciones –muchos murieron- la frontera sudanesa y embarcarse en aviones rumbo a Israel, donde hoy viven en su mayoría. Sus vecinos cristianos consideraban que eran buda, portadores del mal de ojo, evitando entrar en contacto con ellos y permitiéndoles trabajar sólo en ciertos trabajos artesanos (herreros, tejedores, etc.).

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Exterior de la sinagoga de Wolleka, a las afueras de Gondar.

Hoy en los poblados apenas quedan vestigios de su presencia. Tan sólo en éste de Wolleka existe un mercadillo de productos presuntamente judíos, ubicado estratégicamente en la carretera, y un modesto edificio de barro que sirvió de sinagoga. Lo único que lo distingue es la tosca estrella de David que lo corona, ya que en su interior sólo el banco corrido de la pared parece indicar un cierto uso ritual.

Las montañas Simien

El espectacular paisaje de las montañas Simien es tan escarpado que tradicionalmente ha sido refugio de fugitivos. En la edad media se formó en ellas el reino de los Gedeones, una formación política judía que fue conquistada en el siglo XVII.

Un consejo: si puedes, visítalas cuando no sea la estación de lluvias, ya que nosotros lo hicimos en esa época y la niebla nos aguó la experiencia. Al ser tan cerrada que apenas se puede ver nada a diez metros, impide divisar las afiladas formas de los picos, de los cuales varios están por encima de los 4.000 metros, los espectaculares valles, gargantas y la catarata de Jinbar, que se desploma a más de 500 m. De los tres días que, en origen, habíamos reservado para acampar en ellas y hacer rutas de senderismo, al final se quedaron en uno solo debido al mal tiempo.

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Una colonia de babuínos Gelada. Y la sempiterna niebla…

Pero, si sólo se puede visitar las Simien en la estación lluviosa, no pasa nada. Con un día puede ser suficiente para, desde Gondar, contratar un viaje guiado. Tras la hora y media que se tarda en llegar a Debark, principal ciudad de la zona, en la oficina del parque nacional podemos comprar la entrada y contratar la seguridad que, según los funcionarios, es importantísima (aunque opcional). Desde la ciudad comienza la pista de grava que lleva a las montañas.

Debido a la forma alargada del parque nacional, la carretera principal nunca queda demasiado alejada de los senderos que tomaremos para explorar el área. De vez en cuando, es fácil encontrarse con babuinos gelada, una especie que sólo vive en las Simien. Aunque nos podemos acercar mucho a ellos, es mejor no intentar tocarles –pueden morder- y, por supuesto, no darles nada de comer. Otras especies del parque son más esquivas, como los preciosos lobos etíopes –más parecidos a un zorro-, o las cabras montesas walia.

En la estación seca se puede disfrutar mejor de estas montañas. Muchas empresas organizan rutas de senderismo de varios días que pueden acabar con el ascenso al Ras Dashen, el pico más alto del país (4.550 m.), e incluso, si hay tiempo y ganas, llegar a Lalibela.

Restos de la iglesia jesuítica de Gorgora Nova. Foto: Víctor M. Fernández.

La península de Gorgora

Gorgora, la bonita península al norte del Lago Tana, es un nuevo destino turístico al alza en el norte etíope. Gracias a la construcción de una nueva carretera que la unirá con Gondar, es de esperar que el tiempo de viaje baje de la hora y media que ahora suponen los 66 km. Además, se están construyendo nuevos hoteles que permitirán aumentar y mejorar notablemente la escasa oferta existente. Se puede llegar al lugar en minibús desde Gondar, o contratando un vehículo privado, la opción más cara.

Pero, ¿y qué hay que visitar allí? Nada menos que los restos de Gorgora Nova (Maryam Ghimb), un complejo palacial y misional construido por los jesuitas de Pedro Páez para el emperador Susenyos. Accesible tras una larga caminata de unas cuatro horas o en bote desde Gorgora –la opción más rápida, una hora larga de trayecto-, se ubica soberbio en una península que se adentra en el lago Tana. Los restos de la iglesia (1618-1621), de un estilo jesuítico claro, aún muestran detalles arquitectónicos de origen peninsular. A su lado, menos espectaculares, yacen las ruinas del complejo palaciego y residencia jesuita. El propio Páez describe el palacio así:

“Pero el emperador Seltán Zegued [nombre de coronación de Susenyos] hace, en una península de la laguna de Dambiá [el lago Tana], a la que ellos llaman mar, unos palacios hermosos de piedra blanca bien labrada, con sus aposentos y salas; la de arriba tiene cincuenta palmos de largo, veintiocho de ancho y veinte de alto, que por ser allí muy fuerte el viento en invierno y la casa de abajo también ser alta, no la levantaron más. Sobre la puerta principal tiene una balconada grande y hermosa, y en los flancos, dos más pequeñas con muy buena vista. La madera casi toda es de cedro, muy hermosa; y las salas y un aposento de arriba, donde duerme el emperador, con muchas pinturas de varios colores. Es de terrado encalado, y el parapeto alrededor con columnas muy hermosas, y sobre sus capiteles, bolas grandes de la misma piedra, pero en las columnas de las cuatro esquinas, bolas de cobre dorado con hermosos remates. Sobre la escalera, por la que se sube al terrado, se levanta otra casa pequeña con tres ventanas grandes, que le sirve de mirador, porque además de estar la casa situada en lo más alto de la península, que es grande, tiene sesenta palmos de alto; y así toda la ciudad, que también hizo nueva, le queda debajo […]”. Páez, P., Historia de Etiopía. Libro I, pág. 256. Edición en español publicada en 2014 por Ediciones del Viento (A Coruña).

Hay otros restos de la presencia jesuita en Gorgora, aunque menos impresionantes. Cerca, en la cima más alta de la península, se encuentra el Faro de Mussolini, construido por los italianos en 1938 para conmemorar su victoria. El objetivo era que proyectase una luz visible desde Bahir Dar, al otro lado del lago, pero tras la liberación del país permanece en desuso, aunque desde él se tienen unas vistas espléndidas del Tana. El lugar aparece en películas del cine etíope como Teza.

Diario de un viaje por Etiopía – Gondar, la ciudad de las 44 iglesias: Fasil Ghebbi (IV)

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Castillo de Fasiladas.

Llegar a Gondar en minibús desde Bahir Dar es una pequeña aventura para la que hay que armarse de paciencia. Nada más entrar a la estación de autobuses, multitud de conductores de minibús intentarán llamar nuestra atención para que les escojamos. La clave está en elegir un vehículo que no sea demasiado antiguo y, sobre todo, que esté casi lleno, ya que los minibuses salen de la estación a medida que se van llenando, lo cual puede llevar un tiempo indeterminado. En cualquier caso, el flujo de los que van y vienen entre ambas ciudades es constante a lo largo del día, ya que muchos conductores, cuando llegan a Gondar, cargan más pasajeros para volver a Bahir Dar, y viceversa.

La carretera es muy moderna, de construcción china, aunque sin arcenes. El recorrido puede hacerse en unas tres horas, pero nosotros tardamos casi cuatro horas por la intensa lluvia.

Ante la insistencia del conductor, colocamos nuestras mochilas en la baca del vehículo. Craso error, porque la supuesta tela impermeable que los cubría resulto no serlo, por lo que nuestro equipaje llegó a Gondar calado. A pesar de todo, el viaje mereció realmente la pena, ya que el trayecto entre ambas ciudades es de una belleza abrumadora. Las montañas de las Tierras Altas se presentan ante nosotros en todo su esplendor, anunciándonos que estamos cada vez más cerca de las montañas Simien, donde se encuentran las cumbres más altas del país.

Fasil Ghebbi

Gondar es una de las ciudades más bonitas de Etiopía. Ubicada sobre varias colinas suaves, si tenemos la oportunidad de contemplarla desde el mirador del hotel Goha lo primero que destaca es que los edificios parecen estar rodeados de vegetación. Antigua capital imperial, floreció entre los siglos XVII y finales del XVIII, entrando después en una larga decadencia. Gondar es conocida en el resto del país como la ciudad de las 44 iglesias y, aunque es cierto que hay muchas, parece más una exageración que un hecho factible.

La principal atracción turística de Gondar es el espectacular recinto palaciego del Fasil Ghebbi. A la mayoría de los turistas occidentales les sorprende la existencia de castillos similares a los europeos en este rincón del África Subsahariana, lo que lleva a muchos a preguntarse quién los construyó.

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Vista del conjunto del Fasil Ghebbi desde lo alto de la escalinata del castillo de Fasiladas.

La respuesta está en parte relacionada con Pedro Páez y los jesuitas, que trajeron al país técnicas constructivas europeas y numerosos artesanos indios. Al mezclar estos ingredientes con las artes tradicionales etíopes, desde el siglo XVII se comenzó a gestar el llamado arte gondarino. Tras la muerte de Páez en 1622, sus sucesores al frente de los jesuitas en Etiopía cometieron una serie de errores que acabaron provocando una cruenta guerra civil entre católicos y ortodoxos. Salieron victoriosos estos últimos, liderados por el hijo de Susenyos, Fasiladas, quien arrancó de raíz el catolicismo del país, expulsó  a los jesuitas y cerró el país a las influencias occidentales.

Fasiladas quiso emular en su tierra las grandes ciudades de las que oyó hablar a los jesuitas, por lo que eligió Gondar como asiento de su nueva capital. Hasta entonces, los emperadores etíopes viajaban errantes con su corte, que en ocasiones comprendía hasta 10.000 personas, instalándose en espectaculares campamentos provisionales que se movían a medida que agotaban la madera y los recursos del lugar. La decisión de Fasiladas fue tan importante que el deslumbrante periodo en que esta ciudad rigió los designios etíopes (1632-1769) recibe el nombre de Gondarino.

Romper una tradición centenaria bien merecía la construcción de nuevos e impresionantes edificios públicos que debían mostrar el poder imperial: el propio Fasiladas ordenó erigir una espectacular fortaleza en la que sobresale una suerte de torre del homenaje acompañada de tres torreones coronados por cúpulas. El propio aspecto del edificio sugiere una evidente influencia europea, especialmente por los arcos de ladrillos o las chimeneas del interior, pero también encontramos largas vigas de madera –tradición etíope- e incluso restos decorativos propios de la India musulmana. Aunque sus amplias salas están hoy vacías por siglos de pillaje, aún es fácil imaginar sus días de gloria y decadencia, como los que el genial Jean Christophe Rufin recrea en su obra El Abisinio. Por desgracia, no se puede subir a los pisos superiores para disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad.

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Palacio de Mentewab, Fasil Ghebbi.

Los emperadores sucesores de Fasiladas quisieron emularle añadiendo cada uno sus propios edificios, formando una mezcla heterogénea de iglesias, castillos, salas de banquete y edificios administrativos, destacando el palacio de la reina Mentewab. Todos se concentran en el gran óvalo del Fasil Ghebbi, conformando un conjunto monumental de gran belleza visual. A excepción de algunos edificios que han sido reconstruidos, la mayoría permanecen en ruinas. El recinto está delimitado por un muro en el que se abren doce puertas, si bien hoy sólo permanece abierta una. Llama la atención que entre las ruinas encontremos sofisticados baños turcos –en pésimo estado de conservación- o, incluso, jaulas de leones.

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Exterior de Debre Berhan Selassie.

Debre Berhan Selassie

Ubicada en una colina un tanto alejada del centro, encontramos la iglesia de Debre Berhan Selassie (Monte de la luz de la Trinidad), también Patrimonio de la Humanidad como el recinto palaciego. Llegar a ella supone un delicioso paseo de unos quince o veinte minutos a través de una colorida barriada gondarina.

Rodeada de un muro jalonado por trece torretas que representan a los Doce Apóstoles y a Cristo, se trata de una excepcional iglesia de planta rectangular, algo no muy común en esta zona del país, donde mandan las de planta circular. Construida a finales del siglo XVII por el emperador Iyasu I, quien originariamente construyó un templo circular –cuyos restos aún son visibles-, el cual fue sustituido por el edificio actual a comienzos del siglo XIX. Es la única iglesia que no fue destruida en 1888 por los derviches del Mahdi sudanés, quienes, según la tradición, fueron atacados por un enjambre de abejas.

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Trinidad y Calvario, entre otras escenas bíblicas, del interior de la iglesia de Debre Berhan Selassie.

Sin embargo, lo más interesante está en su interior, ya que está completamente cubierto por pinturas. Las pinturas datan de comienzos del siglo XIX y se encuadran en el Segundo Estilo Gondarino. No están pintadas al fresco, sino sobre un lienzo pegado a la pared. La tendencia del conjunto es al horror vacui, con multitud de escenas bíblicas. Al fondo de la nave se abren dos arcos que dan acceso al makdas o sancta sanctorum, donde se guarda la copia del Arca de la Alianza (Tabot). Justo encima vemos la representación de la Trinidad como tres ancianos barbados exactamente iguales. Pero lo más célebre de la iglesia es su techumbre, jalonada por decenas de cabezas de querubines, una de las imágenes más reproducidas en las postales del país.

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La célebre techumbre de los querubines.

Diario de un viaje por Etiopía – Bahir Dar y el lago Tana (III)

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Las cataratas del Nilo Azul.

Continuamos nuestro recorrido por Etiopía en el tercer episodio de nuestro diario de viaje. El original se publicó el 28 de agosto en el diario digital leonés ileon.com. Todas las fotos y vídeos han sido tomados para este blog.

Bahir Dar es la principal ciudad a orillas del lago Tana y, por ello, la mejor base para explorar la zona. Para llegar allí desde Addis elegimos el avión, ya que el trayecto dura media hora y te ahorra las aproximadamente nueve o diez horas del mismo viaje en bus.

Comparada con Addis Abeba, Bahir Dar resulta una ciudad sorprendentemente limpia y ordenada, con sus amplias calles de trazado regular y sus avenidas flanqueadas de palmeras. No en vano, los locales se enorgullecen de la buena presencia de su ciudad, y dicen que sólo la sureña Hawassa, igualmente ubicada junto a un lago, puede competir con ella en belleza. Pasear por ella es una delicia, aunque de nuevo el farenji sea el centro de atención. Pese a su aspecto pulcro, la ciudad en sí no tiene gran atractivo para el turista, aunque es la opción más apropiada para conocer las cataratas del Nilo Azul y las islas del lago Tana.

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Las limpias y ordenadas calles de Bahir Dar.

En el límite oriental de la ciudad se encuentra la salida del Nilo Azul (Abbay, para los etíopes) del lago Tana. El puente cercano resulta un punto excepcional para divisar al amanecer los célebres hipopótamos del Tana, a los que ya el jesuita Pedro Páez describió en el siglo XVII como caballos de mar, los animales más peligrosos de la zona.

Bahir Dar tiene un problema añadido que es el de la malaria. Los mosquitos transmisores de esta peligrosa enfermedad no existen a una altitud superior a los 2.000 metros, y, por lo tanto, no se encuentran en la mayor parte de las Tierras Altas etíopes. Bahir Dar, a 1800 metros y a orillas de un gran lago, es la excepción. Aunque la malaria aquí es más rara que en las zonas del sur del país, sí que es posible que durante nuestra visita haya un brote, por lo que es necesario extremar las precauciones. Entre los objetos necesarios en todo viaje a Etiopía hay que tener un repelente de tipo DEET (cuesta alrededor de 11€ y debe facturarse en el aeropuerto porque no se admite en el equipaje de mano), ropa de manga larga y pastillas de Malarone, el medicamento profiláctico más eficaz y que menos efectos secundarios provoca. Los mosquitos que transmiten malaria sólo pican de noche, haciendo obligatorio pernoctar en hoteles con mosquitera.

Tiss Abay, las cataratas del Nilo Azul

Las cataratas de Tiss Abay son una de las atracciones más célebres del país. Durante siglos, fueron de las más espectaculares del continente africano, comparables incluso con las célebres cataratas Victoria gracias a sus 400 metros de anchura y entre 37 y 45 metros de altura. Hoy esto ha cambiado debido a la construcción, en 2003, de una presa de producción eléctrica muy cerca de las cataratas; esto hace que el caudal del agua disponible se reduzca mucho, especialmente en la estación seca o cuando la central produce electricidad. Por fortuna, la próxima inauguración de la Presa del Renacimiento Etíope, en 2017, supondrá el cierre de la presa de Titissat, lo que hará que las aguas del Nilo Azul vuelvan a precipitarse con toda la espectacularidad de antaño.

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Camino a las cataratas.

Actualmente, existen numerosas pequeñas empresas que organizan excursiones a las cataratas y a las islas del lago. Conviene tener cuidado y elegir una que tenga oficina cerca del muelle de Bahir Dar (ubicado entre la iglesia de San Jorge y el hotel Ghion), sin dejarse engañar por los numerosos “guías” no oficiales que recorren la ciudad buscando clientes a los que engañar con precios abusivos. Mención especial merecen algunos guías ofrecidos por hoteles, ya que sus tarifas pueden duplicar las de los guías oficiales de la zona del muelle.

Las cataratas del Nilo Azul se pueden visitar sin necesidad de excursión organizada. Basta con acercarse a la estación de autobuses de Bahir Dar y buscar uno de los numerosos autobuses o minibuses que cubren el trayecto entre la ciudad y el pueblo de Tissisat cada día. Obviamente, ésta es la opción más barata, aunque hay que tener en cuenta que en un tour organizado (sobre 9€) dispondremos de un vehículo más cómodo y moderno que nos hará más llevadera la hora larga que se tarda en llegar a Tissisat. Actualmente, la carretera se halla en pleno proceso de mejora y atraviesa varios pueblos que sirven de escaparate a la vida rural del estado regional de Amhara.

Aunque las cataratas hayan perdido parte de su espectacularidad, siguen siendo altamente recomendables, especialmente por el paisaje que uno disfruta de camino a ellas. Para visitarlas hay que calcular que emplearemos, al menos, medio día.

Lo primero que hay que hacer es pagar la entrada del parque nacional (100 birr), cuya taquilla se encuentra al final del pueblo de Tissisat. Cerca de allí sale un camino que es el que debemos tomar para comenzar a descender la garganta del Nilo Azul. Rodeados por una exuberante vegetación, pronto se alcanza el mal llamado Puente de los Portugueses, un bonito puente de arcos de medio punto construido en 1626 por orden el emperador Susenyos, quien empleó a un arquitecto hindú venido con los jesuitas –principalmente portugueses pero también españoles- que, en aquel momento, intentaban extender el catolicismo por tierras abisinias.

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El puente de los portugueses sobre el Abay o Nilo Azul.

Una vez cruzado el puente, dejamos el Nilo a nuestra izquierda para seguir ascendiendo camino a las cataratas. El paisaje se vuelve cada vez más verde y espectacular. Sin embargo, notaremos que cada cierto tiempo nos acosan niños y jóvenes locales que intentan vendernos cosas. A menos que se esté realmente interesado en comprar algo tras un arduo regateo, lo más sensato es pasar de largo, aunque no dudarán en seguirnos.

Finalmente, llegamos a nuestro destino. El camino, al serpentear por una colina enfrente de las cataratas, sirve de mirador. El espectáculo es soberbio: podemos observar los cuatro canales que forman las cataratas: los tres de la izquierda son los más pequeños, mientras el de la derecha es el que más caudal aporta. Es un espectáculo soberbio que hace que la caminata merezca la pena.

Conociendo el lago Tana y sus monasterios

El lago Tana es el mayor de Etiopía, con una forma circular que recuerda a la de un gran espejo. De origen volcánico, sus 3.000 km2 están jalonados de pequeñas islas de exuberante vegetación que esconden preciosos monasterios. Su longitud máxima es de 72 km, muy equilibrada con respecto a su anchura máxima, de 68 km. Con una profundidad máxima de 14 metros, tiene un volumen de más de 29.000 km3, siendo el río Abbay su único desagüe.

Existen varias maneras de explorar el lago. La primera, que es asimismo la más solicitada por los turistas, consiste en un recorrido en barco por diferentes islas. La segunda, más romántica, supone cruzar el lago en el ferry que, con dos frecuencias semanales, va de Bahir Dar a Gorgora, al norte. La tercera opción, excepcional si se tiene tiempo y medios, implica rodear el lago en coche de alquiler, permitiendo conocer zonas poco holladas por los turistas.

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Vista del puerto de Bahir Dar.

Obviamente, por falta de tiempo elegimos la primera opción. Las empresas que organizan los viajes ofrecen varios paquetes que pueden abarcar medio día o un día entero. Los de medio día (entre 4 y 6 horas) abarcan las islas más cercanas a la ciudad, mientras que los de día completo llegan a la isla de Dek, la más grande del lago, permitiendo visitar los espectaculares monasterios de Narga Selassie y Daga Istifanos.

Nosotros nos inclinamos por la opción de medio día. La empresa nos fue a recoger al hotel a las ocho de la mañana, llevándonos al muelle donde embarcamos con un grupo mixto de suizos y etíopes.

La primera isla que visitamos apareció ante nosotros cubierta completamente de árboles, algo común en todas las del lago. En ella se puede visitar el monasterio de Entonis Eyesus, que no tiene un gran valor histórico-artístico, aunque las pinturas que cubren el muro del maqdas de la iglesia son interesantes para entender la reinterpretación moderna del Segundo Estilo Gondarino.

Cerca de ella se ubica otra isla, la cual alberga al monasterio de Kibran y Gabriel. De los más antiguos del lago, fue fundado en el siglo XIV. La iglesia, circular, data del siglo XVII y cuenta con un pórtico de arcos semicirculares. En su interior hay una importante colección de frescos del Primer Estilo Gondarino. No muy lejos encontramos el “museo” del monasterio, donde hay una interesante colección de manuscritos y objetos litúrgicos. Desgraciadamente, el acceso al recinto está prohibido a las mujeres.

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La iglesia del monasterio de Azewa Maryam.

Las siguientes dos paradas en nuestro viaje lacustre se encuentran en la península de Zege. El primer monasterio a visitar es el de Azewa Maryam, también fundado en el siglo XIV. El camino desde el muelle hasta el recinto no tiene pérdida gracias a los numerosos puestos de venta de recuerdos que lo flanquean. Desde el punto de vista estético, es el más bonito que vamos a visitar porque al ser restaurado se recuperó su techumbre original de paja, en lugar de los feos tejados de uralita que suelen coronar las iglesias antiguas. El interior cuenta con una espléndida colección de pinturas murales datadas entre los siglos XIX y XX.

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Panel de los santos ecuestres de Ura Kidane Mihret. Segundo estilo gondarino.

La siguiente iglesia, artísticamente la más relevante, es la del monasterio de Ura Kidane Mihret, a 1,4 km de Azewa Maryam. Se puede alcanzar andando o en bote. Fundada también en el siglo XIV, el interior del templo está profusamente decorado, incluyendo las vigas del techo. El conjunto mural fue pintado por varios artistas entre los siglos XVIII y XX. Cabe destacar el panel de los santos a caballo y de la Transfiguración, considerado el más antiguo del templo y una de las joyas del Segundo Estilo Gondarino. No hay que olvidar el museo, ubicado muy cerca de la iglesia, donde se exponen los manuscritos de la biblioteca monacal.

Lugareños a orillas del Tana. Península de Zege.

La última isla que visitamos fue la que alberga el monasterio de Dabra Maryam. Sabemos de la existencia de un monasterio en este mismo lugar desde el siglo XIV, pero, por desgracia, fue destruido durante el Zemene Mesafint (siglo XIX), por lo que la actual iglesia no tiene prácticamente valor artístico alguno. Sin embargo, merecer la pena acercarse porque la isla es un lugar muy popular entre los lugareños al ser la más cercana a Bahir Dar, y en ella se puede comer pescado fresco.

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Un muchacho a bordo de su tankwa.

Los wayto, pueblo que tradicionalmente se dedica a la pesca en el lago, suelen ser vistos cerca de la isla en sus tankwa, la embarcación tradicional hecha de tallos de papiro. Precisamente aquí conocimos a Abraham, un adolescente que hablaba un inglés impecable, y a su hermana pequeña Azeda, una preciosidad de dos años que nos miraba semiescondida con mucha curiosidad. Abraham nos dijo que su hermana era la primera vez que veía a un farenji, y que por eso nos observaba con tanta atención. También nos contó que él cruza todos los días el lago en su tankwa para ir a la escuela. Una vez que llega a Bahir Dar, todavía le toca andar 45 minutos hasta su colegio. Aunque sea un tópico muy manido, ante este tipo de situaciones lo primero que uno piensa es en lo afortunados que somos los europeos.

Los ojos de la pequeña Azeda no nos perdían de vista…

En la isla de Dabra Maryam terminamos nuestra visita a Bahir Dar y su zona circundante. Hay muchas cosas más que nos hubiese gustado ver, pero en cualquier caso el tiempo apremia y hay que hacer las maletas para continuar nuestro viaje a Gondar, la antigua capital imperial.

Las fuentes del Nilo Azul

Pedro Páez

Pedro Páez.

Aunque algunos turoperadores sin escrúpulos vendan la salida del Abbay del lago Tana como las fuentes del Nilo Azul, en realidad se encuentran al sur del lago Tana, en la cabecera del Gilgel Abbay (Pequeño Abbay), el principal río de los 60 que nutren al gran lago. Nosotros no las visitamos en esta ocasión por falta de tiempo, pero quedan pendientes para el próximo viaje.

Pero dejemos que sea Pedro Páez, jesuita madrileño y primer europeo en visitarlas en 1618, quien nos describa el lugar:

Está la fuente al poniente de aquel reino, en la cabeza de un pequeño valle que se forma en un campo grande. Y el 21 de abril de 1618, cuando yo llegué a verla, no parecían más que dos ojos redondos de cuatro palmos de ancho. Y confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver antiguamente el rey Ciro y su hijo Cambises, el gran Alejandro Magno y el famoso Julio César.

El agua es clara  y muy leve, según mi parecer, que bebí de ella; pero no corre por encima de la tierra, aunque llega al borde de ella. Hice meter una lanza en uno de los ojos, que están al pie de una pequeña riba donde comienza a aparecer esta fuente, y entró once palmos, y parece que topaba abajo con las raíces de los árboles que hay en el borde de la riba. Páez, P., Historia de Etiopía. Libro I, pp. 319-320. Edición en español publicada en 2014 por Ediciones del Viento (A Coruña).

¿Qué está pasando en Etiopía? El gobierno se enfrenta a la mayor crisis política desde la caída de Mengistu (1991)

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Autobús quemado en Gondar durante las protestas de mediados de julio. Fuente: elaboración propia.

Desde hace nueve meses, una serie de manifestaciones y protestas sacuden a la sociedad etíope, que en algunos casos han sido brutalmente reprimidas por el gobierno. A día de hoy, y sin  la posibilidad de que ningún organismo gubernamental lo confirme, se habla de que la violencia de la policía contra los manifestantes se habría cobrado la vida de 400 personas. La información llega con cuentagotas a través de medios internacionales como Al Jazeera o la BBC, que tienen serios problemas a la hora de verificar las cifras de muertos y detenidos. A través de las redes sociales, que el gobierno intenta bloquear, se filtran espantosas fotografías y vídeos que muestran la brutalidad policial. Pero, ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué protestan los etíopes?

Los orígenes: Oromia

Todo comenzó a finales de 2015 cuando el gobierno etíope planteó la expansión del territorio autónomo de la capital, Addis Abeba, a costa de Oromia, estado regional que la rodea completamente. Los estudiantes universitarios de distintos campus de la región se rebelaron contra lo que creyeron era un nuevo ataque del ejecutivo, dirigido por los tigriña, contra los oromo, el mayor grupo étnico del país.

Los oromo han sido tradicionalmente marginados por la administración central etíope. Considerados advenedizos -no se asentaron en Etiopía hasta el siglo XVII, cuando llegaron en una migración masiva aprovechando la debilidad del Imperio Etíope-, siempre han sido despreciados por los amhara y los tigriña, que les dieron el nombre despectivos de gallas. Hasta la creación de la República Federal, su lengua, la que más hablantes nativos tiene de todo el país, estaba prohibida. A pesar de la creación de un estado federal propio en 1995, los oromo han seguido sufriendo discriminación racial, además de encarcelaciones arbitrarias y represión policial.

Finalmente, y tras 140 muertos por la represión, en enero de este año el gobierno etíope decidió paralizar el proyecto de expansión de la capital. Sin embargo, fue demasiado tarde porque estas primeras protestas abrieron la puerta a otras en las que se exigía la liberación de los presos políticos, el respeto a la diversidad étnica del país, mayor liberalización de la economía y la implementación de una verdadera democracia.

El turno de los amhara

Por si la situación fuese poco mala para el gobierno, a las protestas oromo se les han sumado recientemente las de los amhara. Este grupo étnico, el segundo en número del país, fue el dominante en toda Etiopía desde el establecimiento de la dinastía salomónida, en 1270, hasta el colapso del Derg en 1991. A mediados de julio, en la antigua capital imperial, Gondar, comenzaron una serie de protestas encabezadas por los welkait y los amhara contra el gobierno etíope  que acabaron en un baño de sangre en el que murieron 10 civiles. Los disturbios se extendieron a otras poblaciones de Amhara, tomando un cariz de violencia interétnica, ya que en algunos casos se atacó a personas de etnia tigriña.

Durante los días 6 y 7 de agosto, numerosas ciudades de todo el país albergaron manifestaciones exigiendo el fin de la represión y mayores libertades. Aunque muchas de ellas transcurrieron sin incidentes, en Addis Abeba sí que se registraron escenas de violencia policial. En las manifestaciones de Bahir Dar (Amhara) se rumorea que pudo haber varios muertos, pero es difícil confirmarlo debido a la censura. La oposición habla de 33 muertos y decenas de detenidos entre todas las manifestaciones del pasado fin de semana.

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El gobierno etíope, en la encrucijada

Tal y como se presenta la situación, el Primer Ministro Hailemariam Desalegn tiene que decidir entre aumentar la represión -con todas las consecuencias que puede acarrear esto- o iniciar un proceso de apertura política y concesión de libertades. El régimen de partido único del FDRPE, que alardea de sus logros macroeconómicos, tiene que enfrentarse al descontento de una gran parte de la población, tremendamente empobrecida, que no ve que su situación mejore.

Asimismo, han surgido voces críticas entre figura de importancia. El veterano general Tsadkan Gebretensae, antiguo jefe del estado mayor del ejército, dirigió al gobierno una carta abierta en la que propone una hoja de ruta para la salida de la mayor crisis política que vive el país desde la Guerra Civil. En ella, además de exponer el fracaso gubernamental (corrupción, proyectos faraónicos de dudoso éxito, falta de democracia, exceso de control en la economía), alerta del riesgo de desintegración nacional que puede ocurrir si la situación de crisis se vuelve crónica, al tiempo que recomienda unas elecciones libres multipartidistas como primera medida para alcanzar una solución pacífica que satisfaga a todos.

 

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