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Conferencia “la Iglesia Etíope Ortodoxa Tewahedo” – Madrid, 31 de marzo de 2017

El viernes 31 de marzo, dentro del ciclo Encuentros con el Oriente Cristiano, participaremos en la conferencia sobre la iglesia ortodoxa tewahedo etíope.

Dicho ciclo, organizado por el sacerdote redentorista y profesor en las universidades de S. Dámaso y Pontificia de Comillas Marek Raczkiewicz, pretende acercar la realidad de las iglesias orientales al público español.

En esta ocasión, el ciclo alcanza el corazón de la legendaria Abisinia, hoy en día Etiopía y Eritrea, donde en el siglo IV el rey Ezana de Aksum declaró al cristianismo religión oficial. Protegida por los abruptos paisajes de las tierras altas, la fe cristiana etíope ha sobrevivido 1600 años aislada del resto de la cristiandad, lo que le ha dado una personalidad propia en la que destacan características judaizantes como el respeto del Sabbath, la tradición de circuncisión o la prohibición de consumir cerdo, entre otros.

En la charla participarán Kesis Yared y Abba Samuel, de la iglesia ortodoxa tewahedo de Madrid, quienes hablarán de lo ragos definitorios de su fe, y Mario Lozano Alonso, quien realizará la introducción histórica.

Información básica

Día y hora: 31 de marzo, 20:00 h.

Lugar: parroquia del Santísimo Redentor (sala Liguori). C/ Félix Boix, 13 – Madrid.

Entrada libre hasta completar aforo.

Diario de un viaje por Etiopía – Lalibela, la Jerusalén etíope (VII)

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El vuelo desde Aksum a Lalibela apenas dura media hora. Un ahorro más que notable en tiempo si calculamos que en autobús público podemos tardar entre día y medio y  dos días. El aeropuerto está lejos de la ciudad, a 11 unos km por una carretera en construcción que hace que el trayecto dure casi tres cuartos de hora. Sin embargo, el paisaje de las montañas de Werwer –la región en la que se enclava Lalibela- es tan absolutamente espectacular que el tiempo pasa volando y, casi sin darnos cuenta, pronto entramos en esta ciudad que, más bien, parece una aldea colgada de las montañas.

Y es que Lalibela tiene unos 20.000 habitantes desparramados por las verdes colinas que rodean al que, con seguridad, es el conjunto arquitectónico más importante y visitado del país. Las calles, que en realidad se reducen a unas pocas, serpentean siguiendo las curvas de nivel de las montañas, lo que aumenta la sensación de estar en un pueblo grande más que en una ciudad. Pero conviene no subestimar el tamaño de Lalibela: siempre vamos a caminar en cuesta y, aunque las distancias parezcan cortas, algunos puntos de interés están muy lejos unos de otros. Escogimos un hotel situado en uno de los extremos de la ciudad para disfrutar de las vistas de las montañas. Aunque se acaba pagando un poco más que en otro tipo de alojamiento, merece la pena desayunar observando los espectaculares quebrantahuesos que sobrevuelan el paisaje.

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Vista desde el hotel.

Lalibela, capital de la dinastía de los Zagwe

Los orígenes de la ciudad de Lalibela se pierden en las tinieblas de la historia. La tradición dice que la fundó el rey Gebre Meskel Lalibela en el siglo XII, pero la arqueología indica que el asentamiento humano es anterior. Su primer nombre, Roha, probablemente proceda del nombre siriaco de la ciudad de Edesa, ܐܘܪܗܝ‎ Urhāy, conquistada en el siglo XII por los musulmanes. Lalibela, como miembro de la dinastía de los Zagwe, de etnia agaw, era considerado por los semitas etíopes un usurpador de la verdadera monarquía aksumita. Por ello quiso ganarse el corazón de sus súbditos respaldando la construcción de espectaculares iglesias. ¿Qué mejor manera de legitimarse en el poder que siendo el mayor valedor de la fe?

La leyenda cuenta que, tras la conquista de Jerusalén en 1187, un ángel le mostró en sueños al rey Lalibela el lugar donde había nacido, pidiéndole que construyese allí una réplica de la ciudad santa. Se dice que, mientras los obreros del rey trabajaban de día, un equipo de ángeles lo hacía de noche, terminándola en 23 años. La importancia de Lalibela como Nueva Jerusalén se refuerza por los muchos topónimos de la zona que fueron rebautizados: así, el arroyo que la atraviesa se llama Yordanos (Jordán), y también encontramos un Monte de los Olivos y un Gólgota, entre otros. Actualmente, es el centro de peregrinación más importante del país, por encima de Aksum, ya que se considera que los beneficios espirituales al visitarla son los mismos que se reciben al ir a Tierra Santa.

Las iglesias de Lalibela. Complejo Norte

La construcción de iglesias excavadas en la roca data de época aksumita, pudiendo encontrarse muchos ejemplos en prácticamente toda la región central del altiplano etíope. Sin embargo, en ningún otro lugar de Etiopía se concentran tantas y de una calidad artística tan remarcable.

Excavadas en escoria de basalto, son 11 iglesias de las cuales cuatro están completamente separadas de la roca madre por fosos, mientras las demás forman complejos hipogeos conectados por trincheras y galerías. Aunque no hay acuerdo sobre la cronología exacta, se cree que se construyeron entre los siglos XII y XIII, empleándose a miles de trabajadores para su construcción. Los diferentes estilos indican un dilatado trabajo en el tiempo, mucho mayor que los 23 años de la leyenda.

Los templos se concentran en tres grupos: el primero, situado al norte, de evidente origen religioso; el sureste, que por sus extrañas formas y fosos algunos sugieren que pudo ser en origen un recinto palaciego; y, por último, la solitaria iglesia de Bete Giyorgis.

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La primera concentración de iglesias monolíticas se organiza a partir de un eje monumental compuesto por las iglesias de Medhane Alem y Bete Maryam. Ésta, de planta rectangular y con tres gráciles pórticos de acceso, ocupa el centro del patio alrededor del cual se organizan el resto de templos. En los flancos del patio se hallan las iglesias de Bete Dengel (Casa de las Vírgenes) y Bete Meskel (Casa de la Cruz). A través de un pasadizo podemos acceder a la mayor de todas: se trata de la espectacular Medhane Alem (Salvador del Mundo) que, rodeada por 30 pilares, cuenta con 33 metros por 23 de ancho y 11 de alturas. Dentro, se organiza en cinco naves gracias a 16 pilares unidos entre sí mediante arcos de medio punto. La escasa luz que entra por las pequeñas ventanas de estilo aksumita permite crea un ambiente de recogimiento idóneo para la oración.

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Al sur del patio de Bete Maryam, podemos acceder al último templo que nos queda por conocer de este complejo: se trata de Bete Golgotah-Mikael-Selassie, donde yacen los restos del emperador Lalibela. En realidad, se tratan de tres estancias comunicadas entre sí. La primera, Debre Sina, está dividida por ocho pilares cruciformes. De ahí pasamos al espacio Lalibela-Mikael, en cuyo Sancta Sanctorum –inaccesible- se encuentra la tumba de Lalibela. Destacan los relieves de santos que ocupan los grandes nichos de la capilla. Esta parte está vetada a las mujeres, por desgracia. La última capilla es la cripta de Selassie, con sus tres altares monolíticos.

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Complejo Sureste y Bete Giyorgis

El complejo sureste es el que ofrece mayores dudas a los arqueólogos sobre cuál pudo ser su función original, ya que algunos autores sugieren que pudo ser el área palatina de los Zagwe. La idea se refuerza en la zona de entrada al complejo: la fachada de la iglesia doble de Gabriel y Rafael, precedida por un profundo foso y sus nichos de arcos apuntados, parece más la entrada monumental de un edificio civil que un templo. Cerca de estas dos iglesias se halla la de Bethlehem, posible horno de cocción del pan de comulgar (Bet lehem significa en hebreo casa del pan) o eremitorio real.

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Entrada por la iglesia doble de Bete Gabriel Rafael.

La idea de una posible función palaciega se refuerza al entrar en Bete Merkorios, una gran sala hipóstila que pudo funcionar como sala de audiencia real. Ahí pudimos escuchar a un grupo de sacerdotes cantando en ge’ez, la lengua litúrgica del cristianismo etíope. Una experiencia inolvidable.

En el centro de un patio excavado en la roca, se erige Bete Emmanuel. Posible capilla palatina para uso exclusivo de la familia real, la influencia de la arquitectura aksumita es palpable en cada rincón del templo. Una vez en el interior, conviene fijarse en los detalles decorativos.

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Fachada de Bete Emmanuel.

La última iglesia de este complejo es Bete Libanos, accesible tras pasar por un curioso conjunto de escaleras y fosos, y construida en el interior de una cueva como si fuera el gran pilar que sostiene la bóveda. La decoración exterior es sencilla pero sublime: dividida por cinco pilares, hay tres ventanas de arcos apuntados, cuatro ventanas cruciformes y una pequeña puerta de acceso. Merece la pena contemplar el interior, con su nave central más elevada y su decoración.

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Acceso a Bete Libanos.

Bete Giyorgis es, sin duda, la joya de Lalibela. Se trata de la iglesia más tardía del conjunto y, quizá por ello, la más refinada de todas en cuanto a su calidad artística. Ubicada en el medio de un foso cuadrangular, tiene una inusual planta de cruz griega que le da un aire de torreón. Elevada sobre un falso podio de 3 escalones, sus doce lados cuentan cada uno con una ventana ojival con decoración vegetal. Su interior, aunque más modesto que otros, muestra una elegante sobriedad.

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Bete Giyorgis, la más célebre de las iglesias de Lalibela.

Para terminar nuestra visita a la ciudad, recomiendo parar a comer en el restaurante Ben Abeba. De estrambótica arquitectura, sus terrazas suspendidas ofrecen unas espectaculares vistas de los valles de Werwer. Además, los camareros que lo atienden son muy simpáticos y la comida, excelente.

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Vista desde una de las terrazas-miradores de Ben Abeba.

Yemrehane Krestos

A unos 42 kilómetros de Lalibela podemos visitar la fantástica iglesia de Yemrehane Krestos, construida en el interior de una cueva. El trayecto desde Lalibela dura hora y media (la carretera está en construcción) hasta el pueblo del mismo nombre, desde donde hay que dejar el coche para proceder a la ascensión hacia el templo mediante una escalera recientemente construida. El paseo es muy grato ya que atravesamos un bosque de juníperos y, si se tiene la suerte de visitarlo en temporada de lluvias, a la entrada de la cueva veremos caer una cascada.

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Aunque la tradición dice que la construyó a mediados del siglo XII el rey homónimo, lo más probable es que se edificase a mediados del XIII. Su exterior alterna franjas de enlucido blanco con otras de vigas de madera. Su apariencia exterior es, a juicio de los especialistas, el más claro ejemplo de pervivencia de la arquitectura tradicional aksumita en época tardía. Cuenta con 26 ventanas, cada una de ellas diferente. Su planta es basilical, con cuatro pilares que organizan el espacio en tres naves. En la central encontramos un espectacular artesonado de madera. Las cubiertas del interior son planas, no abovedadas, siendo las nueve diferentes. El santuario de la iglesia, orientado hacia el este, está cubierto por una cúpula. La decoración interior del templo es magnífica, con numerosos motivos entrelazados, destacando los motivos cruciformes de los intradós de los arcos.

Detrás del templo, en lo más hondo de la cueva, encontraremos los macabros restos de los miles de cadáveres de peregrinos que escogieron este lugar como el de su eterno descanso. Cerca de ellos veremos la tumba del propio rey Yemrehane.

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Fachada de Yemrehane Krestos.

En la comarca circundante de Lalibela hay muchas iglesias excavadas en la roca o construidas en el interior de cuevas. Quienes deseen conocerlas conviene que contraten algún servicio de coche y guía en la propia Lalibela. La más cercana es la de Na’akueto La’ab, ubicada cerca de la carretera del aeropuerto, y es famosa porque en ella yacen los restos del santo rey homónimo, sobrino y sucesor de Lalibela. Similar en estilo constructivo a las iglesias rupestres de Lalibela es la iglesia de Gennata Maryam, construida, según la tradición, por Yekuno Amlak, fundador de la dinastía Salomónida en 1270.

Para concluir, creo sinceramente que ningún relato o fotografía hace justicia a la grandiosa belleza de Lalibela; es más, es necesario experimentarla, estar allí y ver cómo naturaleza y obra del hombre forman un conjunto tan espectacular. No en vano, quiero hacer mías las palabras del portugués Francisco Álvares, uno de los primeros europeos que contempló estas maravillosas iglesias en la lejana década de 1520:

Enfádome de escribir más sobre estas obras [las iglesias], porque me parece que no me creerán si escribo más y porque, a lo que he escrito, me podrán tachar de no ser verdad, por tanto juro por Dios en cuyo poder estoy que todo lo escrito es verdad y mucho más de lo que vi y dejé para que no me tachasen de mentiroso. Francisco Álvares. Verdadeira informação das terras do Preste João das Índias. Lisboa, 1943.

Vídeo de la conferencia “Los orígenes del cristianismo en Etiopía” – Valladolid, 13-IV-2015

Mario Lozano Alonso - Conferencia del 13-04-2015Ya está disponible en nuestra videoteca el vídeo completo de la conferencia que Mario Lozano Alonso, profesor de etiópico clásico en el IBO y el CEPOAT, impartió en Valladolid sobre el desarrollo de los primeros siglos del cristianismo etíope.

Al comenzar su disertación, Lozano realizó un breve acercamiento al reino de Aksum para ubicar en el tiempo y el espacio al público asistente. Acto seguido, explicó las motivaciones tanto políticas como religiosas que animaron al rey Ezana a convertir al cristianismo en la religión oficial de su imperio en el 330, antes incluso que en Roma.

Asimismo, se dieron las claves del proceso de evangelización que se desarrolla durante los siglos V y VI para, a través del monacato, afianzar la religión cristiana en la región. Dicho proceso fue llevado a cabo por monjes y sacerdotes procedentes del Imperio Romano de Oriente (Siria y Egipto, principalmente).

Por último, se analizó someramente la época de la dinastía Zagwe, cushita, la cual empleó sabiamente al cristianismo como medio para justificar su acceso y permanencia en el poder.

Conferencia “Los orígenes del cristianismo en Etiopía” – Valladolid, 13-IV-2015

Cartel conferencia Mario Lozano - Valladolid, 2015

Dentro del ciclo de conferencias Historia y Cristianismo que organizan en Valladolid el Instituto Bíblico y Oriental y el Estudio Teológico Agustiniano, Mario Lozano Alonso, historiador especializado en cultura etíope, impartirá la siguiente conferencia:

Los orígenes del cristianismo en Etiopía

En nuestra intervención analizaremos de manera muy amena las consecuencias que tuvo la entrada del cristianismo en Aksum de la mano de Frumencio y Edesio, evangelizadores de origen tirio, cuáles fueron las motivaciones político-religiosas que facilitaron su buena acogida en el país, y también su desarrollo histórico en los primeros siglos.

El impacto de la nueva fe fue tal que hacia el año 330 el rey Ezana la declaró religión oficial del reino de Aksum, siendo la segunda nación del mundo en hacerlo, tras Armenia, y antes que el propio Imperio Romano. Durante el siglo V, una oleada de evangelizadores de origen romano oriental, los Nueve Santos Sirios, impulsarán la fundación de monasterios que actuarán como centros de evangelización del mundo rural aksumita, entre ellos el espectacular cenobio de Debre Damo.

La vinculación de la iglesia copta egipcia y la etíope se refuerza cuando ambas abandonan el credo niceno en el concilio de Calcedonia, en el 451, para mantener su dogma monofisita. Durante toda la Edad Media el cristianismo se mantendrá fuertemente enraizado en el país, a pesar de que poco a poco se verá rodeado por vecinos musulmanes hostiles, aislando al país del resto de la cristiandad. Este aislamiento se tradujo en el singularísimo cristianismo etíope, donde la influencia judaizante es palpable en muchos aspectos. Hoy en día, el cristianismo ortodoxo tewahedo (unitario) goza de buena salud, siendo la fe del 60% de la población de Etiopía y del 50% de los eritreos.

Título de la conferencia: Los orígenes del cristianismo en Etiopía

Ponente: Mario Lozano Alonso

Día: 13 de abril de 2015

Hora: 20:00 h. ENTRADA LIBRE.

Lugar: Estudio Teológico Agustiniano. Paseo de Filipinos, 7. VALLADOLID

La Iglesia de Santa María de Sión de Aksum

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La nueva iglesia de Santa María de Sión. A la izquierda se adivina el perfil almenado del templo viejo. Fuente: Wikipedia.

La ciudad de Aksum, una de las más antiguas de Etiopía y capital del antiguo reino aksumita, tiene entre sus sitios de interés la legendaria iglesia de Santa María de Sión (ማርያም ጽዮን), a quien la tradición otorga el título de templo cristiano más antiguo del país. Podemos afirmar también que se trata del corazón de la Iglesia Ortodoxa Tewahedo Etíope, si bien el asiento del Abuna, el patriarca, se encuentra ahora en Addis Abeba.

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La iglesia en un grabado francés del s. XIX. Fuente: Wikipedia

El cristianismo es declarado religión oficial de Aksum hacia el 340 d.C., convirtiendo a Etiopía en la segunda nación del mundo en hacerlo, tras Armenia, y antes que el propio imperio romano.

Ezana, el rey que promovió el cambio religioso, decidió construir un templo que se ajustase a las necesidades de la nueva fe. Junto con Frumencio, quien fuera primer obispo de Aksum y antaño preceptor real, eligieron un solar cercano al antiguo cementerio real, también conocido como Campo de Estelas, para erigirlo. Los únicos restos de esta primera construcción que se conservan pueden contemplarse en el gran podio -mucho mayor que la actual iglesia, lo que nos indica que era notablemente más grande- y las escalinatas de acceso. La arqueología sugiere que quizá se aprovechase un antiguo palacio o templo pagano, dada la similitud del podio con otros modelos palaciegos, y por el hecho de que el edificio se ubica en el área regia de la antigua Aksum.

Esta primera iglesia fue muy célebre en su tiempo, siendo incluso mencionada en los hadices musulmanes, que indican que el propio Mahoma, extasiado por la descripción hecha por su mujer Umm Salama, prohibió expresamente su destrucción. La única descripción más o menos fiable que conocemos es la que se recoge en el Libro de Aksum, en el que se indican sus medidas, aunque también se sabe que la iglesia de Medhane Alem de Lalibela se construyó imitando a la gran catedral aksumita. Gracias a estos datos, los arqueólogos Buxton y Matthews recrearon una reconstrucción idealizada que nos permite contemplar su esplendor. En cualquier caso, no existe quorum entre los expertos sobre el aspecto real de esta primera iglesia, que sólo podrá ser desvelado cuando se intervenga arqueológicamente en el lugar.

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Reconstrucción de la primera iglesia de Santa María de Sión. (Buxton y Matthews, 1971)

Que sepamos, el templo ha sido destruido en dos ocasiones: la primera, durante la conquista y destrucción de Aksum por parte de la reina pagana Gudit en el siglo IX; la segunda vez se produjo en el siglo XVI, durante el yihad de Ahmad Graññ, quien la destruye hasta los cimientos. El bravo conquistador adalí sabía que al hacerlo propinaba un duro golpe a la moral de los cristianos etíopes al demoler el corazón de su fe. Tras la derrota de los musulmanes en 1543, se reconstruye en un estilo mucho más modesto.

Hoy en día, y fruto de la adición de estructuras a lo largo de los siglos, en realidad Santa María de Sión es un complejo religioso compuesto principalmente por tres edificios:

La Iglesia Antigua de Santa María de Sión. Construida en el solar de las dos anteriores, la reconstruyó primero el emperador Galawdewos, siendo agrandada en el siglo XVII en estilo gondarino. Resulta chocante que su importancia para el cristianismo etíope no se vea reflejada en su arquitectura, ciertamente modesta.

La capilla del Arca de la Alianza, una pequeña construcción donde la tradición afirma que se custodia el Arca de la Alianza, traída desde Jerusalén a Aksum por Menelik, supuesto primer emperador e hijo de Salomón y de la legendaria Makeda, reina de Saba.

La nueva Iglesia de Santa María de Sión. De las tres iglesias quizá sea la menos interesante. Construida en los años cincuenta por orden del último emperador, Haile Selassie, con ella se aumentó considerablemente el espacio destinado a las multitudinarias ceremonias religiosas de la ciudad.

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La Iglesia vieja de Santa María de Sión. Fuente: galenf.com

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Capilla del Arca de la Alianza. Fuente: Wikipedia.

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La iglesia nueva a pie de calle. Fuente: Panoramio. Autor: Joseph-Cro

Ubicación en el mapa (con Google Maps)

Timkat, la epifanía etíope

Baños de Fasiladas

Los baños de Fasiladas de Gondar durante la celebración de Timkat. Fuente: Wikipedia.

La festividad de Timkät, Timkat o Timket (en caracteres ge’ez ጥምቀት, Ṭəmqät) es una de las más famosas de Etiopía y Eritrea. Se celebra en el día 11 del mes de Tərr (ጥር), que suele coincidir con nuestro 19 de enero, si bien por la particularidad del calendario etíope en los años bisiestos coincidiría con el 20. Se conmemora el bautismo de Cristo en el Jordán por San Juan Bautista, hecho celebrado por toda la cristiandad, aunque en la tradición etíope cobra especial importancia.

En Timkat familiares y amigos aprovechan para reunirse y comer la carne de los animales sacrificados para la ocasión, generalmente ovejas, pollos y bueyes. Además, se beben grandes cantidades de tej, cerveza (tella) y aguardiente, todos ellos de elaboración casera.

La fiesta en sí dura tres días. Al atardecer del primer día, el de Kätära (ከተራ), se saca el tabot -réplica del Arca de la Alianza que es el corazón de cualquier templo etíope- de su iglesia para llevarlo hasta la corriente de agua o estanque más cercano. El tabot va escoltado por toda clase de clérigos vestidos con vivos colores y protegidos por parasoles, a quienes acompañan numerosos fieles que desean participar en el hermoso cortejo.

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Sacerdote portando el tabot. Fuente: Wikipedia.

Una vez en el estanque de la Epifanía, el tabot  se instala en una tienda junto a una de sus orillas, donde pasará toda la noche. No estará solo, ya que muchos fieles se quedan en el lugar velando mientras encienden antorchas y cantan himnos y canciones. En algunos casos, como en el estanque Janhoy Meda (ጃንሆይ ሜዳ) de Addis Abeba, puede haber varios tabots en el mismo lugar, procedentes de iglesias diferentes. El público asistente suele llevar comida y bebida para regalar a los sacerdotes, quienes son muy respetados en todo el país.

Al amanecer del día de la Epifanía, los sacerdotes proceden a rezar las preces de bendición del agua del estanque, con la que, acto seguido, comienzan a rociar a los asistentes a calderadas o incluso con spray. El acto simboliza la renovación del vínculo sagrado del bautismo, o lo que es lo mismo, la confirmación de la fe del creyente.

Una vez terminado el ritual, todos los tabots vuelven en procesión a sus templos a excepción de uno, que permanecerá en el mismo lugar durante otra noche más. Nuevamente, el ambiente festivo, los salmos y las canciones amenizarán la velada.

El tercer y último día de fiesta está dedicado a San Miguel, un santo muy venerado en Etiopía y Eritrea por su faceta de vencedor del Diablo. Al finalizar la mañana, la tienda del tabot es desmontada y se procede a devolver el objeto sagrado a su templo, siempre con la consabida procesión.

Fieles esperando la bendición en el Estanque de Fasilidas de Gondar. Fuente: Wikipedia.

Dónde verlo

Aunque se celebra en prácticamente toda la región de mayoría cristiana ortodoxa del país (estados de Tigray, Amhara y parte del de Oromia), quizá el lugar más conocido donde se celebra el Timkat sea el Estanque de Fasiladas, un hermoso pabellón ubicado en medio de un estanque rectangular en la ciudad de Gondar. También son muy famosos los Timkat de Lalibela y Addis Abeba.

Para saber más

Excelente vídeo de National Geographic que muestra la fiesta de Timkat

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