Reino de Aksum

Cultura etíope y eritrea

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Seminario en la UCM sobre el IV Centenario de la llegada de Pedro Páez a las fuentes del Nilo Azul – Abbay (8 de mayo)

Este año se celebran los 400 años de la llegada del primer europeo a las fuentes del Nilo Azul (Abbay), el jesuita español Pedro Páez Xaramillo. Con motivo de la efeméride, que ocurrió el 21 de abril de 1618, la Universidad Complutense de Madrid, a través del departamento de Historia, organiza el próximo 8 de mayo un seminario para recordar a este figura histórica, quien tuvo un papel clave en la expansión del catolicismo y de la orden jesuita. Adjuntamos la información remitida por la UCM:

El 21 de abril de 1618 Pedro Páez visitó el pequeño manantial de donde surgen las aguas del Nilo Azul antes de pasar por el lago Tana. Probablemente fue el propio rey cristiano de Etiopía, Susenyos, quien le mostró el sitio, siendo Páez el primer europeo que lo vio y luego describió todas sus características en un capítulo completo de su “Historia de Etiopía”. Aunque este libro no se publicó hasta el siglo XX, el manuscrito fue copiado y la información se incorporó al conocimiento global, a través de las obras del jesuita alemán Athanasius Kircher y los planos del veneciano Vincenzo Coronelli, antes del final del siglo XVII, resolviendo un problema que intrigaba a geógrafos e historiadores desde la Antigüedad. El siguiente europeo que visitó el lugar fue el escocés James Bruce en 1770, y las fuentes del otro gran brazo del río, el Nilo Blanco, en el lago Victoria no se descubrieron hasta los viajes del inglés John Hanning Speke en 1858-1862.

El próximo 8 de mayo tendrá lugar en el salón de actos de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense un seminario sobre dicho centenario, con el siguiente programa:

  • 11:30-11:45: Presentación. Prof. Miguel Luque Talaván, Decano de la Facultad de Geografía e Historia
  • 11:45-12:30: “El Padroado portugués y las misiones en el Índico durante los siglos XVI-XVII: entre gentiles, infieles y antiguas cristiandades”. Prof. Federico Palomo del Barrio, Departamento de Historia Moderna y Contemporánea, UCM
  • 12:30-13:15: “La política de las misiones jesuitas en Etiopía (1557-1632)”. Dr. Carlos Cañete Jiménez, Centro de Ciencias Humanas y Sociales, CSIC, Madrid.
  • 13:15-14:00: “Pedro Páez y las fuentes del Nilo: mitos medievales y geografía moderna”. Prof. Víctor M. Fernández Martínez, Departamento de Prehistoria, Historia Antigua y Arqueología, UCM.

Datos básicos

Horario: de 11:30 a 14 h. 8 de mayo de 2018.

Lugar: Facultad de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid. Salón de actos.

1 de septiembre de 1961: comienza la Guerra de Independencia Eritrea

El 1 de septiembre es fiesta nacional en Eritrea, fecha que conmemora el comienzo de la larga guerra de independencia que libró contra el Imperio Etíope primero, y luego el Derg comunista. Tras 29 años de lucha, no será hasta 1993 cuando el país obtenga su independencia.

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Efemérides – Batalla de Embabo (6 de junio de 1882)

Efemérides

El 6 de junio de 1882 se libraba en los campos de Embabo (እምባቦ, Horo Guduru, Oromia) la batalla entre las tropas de los reyes Menelik II de Shewa (Šäwa) y Täklä Haymanot de Gojjam  (Goǧǧam), en la que salieron victoriosas las tropas del primero. Se calcula que un quinto de las tropas de Gojjam murieron durante el combate, e incluso Täklä Haymanot fue apresado por las tropas shewanas.

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25 de mayo: día de África. El nacimiento de la OUA

El 25 de mayo es el día de África, quizá una de las fechas más señaladas para los que nos dedicamos al estudio de ese gran continente. Sin embargo, pocos saben que lo que se celebra es un hecho de gran trascendencia: la constitución de la Organización para la Unidad Africana, organismo que en 2002 se transformó en la Unión Africana.

Los orígenes

La explosión de países africanos independizados a comienzos de los sesenta puso de nuevo en la palestra alguno de los anhelos de los movimientos panafricanistas. Bajo la premisa de una artificiosa y utópica unidad de los estados africanos, en el oeste del continente se ensayaron algunos experimentos que resultaron fallidos, como la Federación de Mali, que englobó entre 1959 y 1960 a Senegal y Mali, o la Unión de Estados Africanos, que unió temporalmente a Guinea, Ghana y Mali entre 1958 y 1961 (Mali se unió en 1960). La escasa identificación de los grupos étnicos que habitaban estos nuevos estados poscoloniales, sumada a la desconfianza mutua de las diferentes élites de las principales capitales convirtieron pronto estos proyectos en papel mojado.

Tras estos fracasos, entre los panafricanistas surgieron tensiones sobre qué hacer, apareciendo dos facciones enfrentadass: mientras el bloque de Casablanca, dirigido por el carismático ghanés Kwame Nkrumah pretendía la creación de una federación de estados que abarcase a todo el continente africano, el bloque de Monrovia, con el senegalés Senghor a la cabeza, planeaba una cooperación económica entre estados que quizá en el futuro pudiese prestarse a algún tipo de cooperación política.

El impulso de Haile Selassie

Haile Selassie, a la sazón emperador de Etiopía, no estaba dispuesto a participar en grandes federaciones de estados; en realidad, nunca tuvo la más mínima intención de ceder ni un ápice de su poder a ninguna institución supranacional. Sin embargo, veía los beneficios que una posible asociación de estados africanos podía traer, y más en un mundo de bloques enfrentados -comunistas contra capitalistas- en el que los débiles nuevos países apenas podían competir.

Africa Hall, sede de la OUA.

Así, en mayo de 1963 invitó a ambos bloques a reunirse en Addis Abeba para dialogar y encontrar espacios comunes a partir de los cuales ponerse a trabajar. Los 32 jefes de estado africanos acordaron crear la Organización para la Unidad Africana, la cual nació el 25 de mayo de 1963. En la Carta de la nueva organización, cuya sede quedó fijada en la capital etíope como homenaje a su feroz defensa de la independencia frente al colonialismo, se establecieron los objetivos del organismo, entre los que se encontraban promover la unión y la solidaridad entre estados africanos, eliminar el colonialismo, garantizar la soberanía e integridad territorial de sus estados miembros, coordinar la colaboración para la mejora del nivel de vida de los ciudadanos y promover la defensa de los derechos humanos.

Junto a la Carta, se creó una estructura a cuya cabeza se situaba el secretario general. Existía una Asamblea de jefes de estado que era la que decidía las principales políticas a llevar a cabo, y también un Consejo de Ministros, compuesto por los ministros de asuntos exteriores de todos los estados miembros.

La OUA nació sin satisfacer a ninguno de los dos bloques de panafricanistas. Por otro lado, durante toda su existencia fue un organismo debilitado por el escaso compromiso de muchos de sus estados miembros, aunque tuvo éxito a la hora de librar a la mayor parte del territorio africano del colonialismo y al animar a la creación de diferentes organismos supranacionales de cooperación económica como el ECOWAS. Gracias al impulso del líder libio Gadaffi, en 2002 54 países africanos decidieron crear la Unión Africana, la evolución lógica de la OUA, cuya sede se encuentra también en Addis. Pese a que la nueva organización nació el 9 de julio, decidió conservar el 25 de mayo como día del continente.

El nuevo edificio de la Unión Africana en Addis Abeba. Fuente.

 

 

Conferencia “la Iglesia Etíope Ortodoxa Tewahedo” – Madrid, 31 de marzo de 2017

El viernes 31 de marzo, dentro del ciclo Encuentros con el Oriente Cristiano, participaremos en la conferencia sobre la iglesia ortodoxa tewahedo etíope.

Dicho ciclo, organizado por el sacerdote redentorista y profesor en las universidades de S. Dámaso y Pontificia de Comillas Marek Raczkiewicz, pretende acercar la realidad de las iglesias orientales al público español.

En esta ocasión, el ciclo alcanza el corazón de la legendaria Abisinia, hoy en día Etiopía y Eritrea, donde en el siglo IV el rey Ezana de Aksum declaró al cristianismo religión oficial. Protegida por los abruptos paisajes de las tierras altas, la fe cristiana etíope ha sobrevivido 1600 años aislada del resto de la cristiandad, lo que le ha dado una personalidad propia en la que destacan características judaizantes como el respeto del Sabbath, la tradición de circuncisión o la prohibición de consumir cerdo, entre otros.

En la charla participarán Kesis Yared y Abba Samuel, de la iglesia ortodoxa tewahedo de Madrid, quienes hablarán de lo ragos definitorios de su fe, y Mario Lozano Alonso, quien realizará la introducción histórica.

Información básica

Día y hora: 31 de marzo, 20:00 h.

Lugar: parroquia del Santísimo Redentor (sala Liguori). C/ Félix Boix, 13 – Madrid.

Entrada libre hasta completar aforo.

Muerte de un gigante: Richard Pankhurst (1927-2017)

Richard Pankhurst. Foto: Tsehai Publishers.

El pasado  16 de febrero fallecía a los 89 años Richard Pankhurst, historiador y economista británico, y uno de los más grandes investigadores sobre Etiopía que aún vivían.

Hijo de Sylvia Pankhurst, la célebre sufragista inglesa, y del anarquista italiano Silvio Corio, nació en Woodford Green (Londres) el 3 de diciembre de 1927. Su pasión por Etiopía está muy relacionada con su figura materna, que en 1935 fue una ardiente defensora de la independencia abisinia frente a la invasión de la Italia fascista. Tras completar su formación doctorándose en la London School of Economics,  en 1956 él y su madre se mudan a Etiopía, donde mantendrán una relación de amistad con el emperador Haile Selassie. Sylvia falleció en 1960 en Addis Abeba, siendo enterrada en el cementerio situado frente a la catedral de la Trinidad.

Fue co-fundador del Instituto de Estudios Etíopes en 1962 y profesor de la Universidad de Addis Abeba. En 1976, tras la caída de Haile Selassie, se exilia a Reino Unido huyendo del régimen del Derg, donde impartirá clases en la School of Oriental and African Studies, entre otras instituciones. No volverá a Etiopía hasta 1986, fecha en que retoma su puesto de investigador en el Instituto de Estudios Etíopes.

En 2004, la reina Isabel II reconoció su labor por la Historia etíope nombrándole oficial de la Orden del Imperio Británico. Su intervención fue clave para el retorno del célebre obelisco de Aksum (la mal llamada Estela de Ezana) a Etiopía en 2008, tras 71 años en la romana plaza de Porta Capena, donde fue llevado por Mussolini como botín de guerra.

Todo aquel que ha querido profundizar en la historia etíope y eritrea ha tenido que consultar, en algún momento, cualquiera de sus obras. Su producción fue vastísima, centrándose en la historia económica del país, pero sin descuidar otros muchos aspectos del pasado del país. En ocasiones cooperó con su esposa, Rita. Entre sus obras, podemos destacar las siguientes:

  • 1966 – State and Land in Ethiopian History, Addis Abeba.
  • 1967 – (ed.) The Ethiopian Royal Chronicles, Addis Abeba.
  • 1982 – History of Ethiopian Towns from the Middle Ages to the Early Nineteenth Century, Wiesbaden.
  • 1983 – con G. Hancock y D. Willetts, Under Ethiopian Skies, Londres.
  • 1984 – History of Ethiopian Towns from the Mid-Nineteenth Century to 1935, Stuttgart.
  • 1997 – The Ethiopian Borderlands: Essays in Regional History, Lawrenceville.
  • 2001 – The Ethiopians: a history, Hoboken.

Se puede consultar un listado más exhaustivo en el blog de su mujer.

La figura de Pankhurst puede compararse con la de otros grandes estudiosos que trabajaron en Etiopía en el siglo XX, y cuyas obras aún son de referencia, tales como Enno Littman, Enrico Cerulli, Carlo Conti Rosini, Wolf Leslau, George W.B. Huntingford, o Tadesse Tamrat, entre otros.

Por fortuna, la familia Pankhurst continúa con la labor de Richard: sus hijos Helen y Alula son, desde hace tiempo, consagrados investigadores que han seguido la estela de su padre.

Que descanse en paz.

2ª edición del curso online de Historia del África Subsahariana Precolonial – CEPOAT (Universidad de Murcia)

MATRICÚLATE AQUÍ

Tras el éxito del primero, el 1 de enero de 2017 comenzamos la segunda edición del curso online de Historia de África Subsahariana Precolonial, el cual impartiremos en el CEPOAT de la Universidad de Murcia. A continuación pasamos a indicar las características del curso. La programación es descargable aquí.

Presentación del curso

La historia del África Subsahariana es una gran desconocida entre el público español, en particular, y el europeo, en general. Por ello, consideramos necesario y útil para la sociedad la impartición del presente curso, dada la escasa oferta de formación en el área existente actualmente en el panorama académico español, a pesar de la creciente demanda de numerosos particulares e instituciones. El curso está abierto a todas aquellas personas que deseen formarse en este ámbito, si bien está especialmente enfocado a estudiantes del área de Humanidades, principalmente de los grados de Historia, Historia del Arte y Geografía, dada la estrecha relación que existe con los contenidos que estudian. Hoy por hoy, los planes de estudio de las universidades españolas apenas incluyen contenidos referidos a la historia de un continente que se halla a sólo 14 kilómetros de la península ibérica. Asimismo, creemos que este curso puede ser útil para el profesorado vinculado a las Ciencias Sociales, ya que la actual multiculturalidad existente en la sociedad y las aulas españolas hace deseable que conozcan los rudimentos de la rica historia africana.

Datos básicos

Profesor: Mario Lozano Alonso

Plazo de matrícula y beca: del 1/12/2016 al 26/12/2016

Lugar de presentación de matrícula on line: CASIOPEA

Email de contacto: cepoat@um.es

Teléfono de información: 666125197 — 0034 868883890

Destinatarios:
Profesionales y estudiantes de Historia, Arqueología, filología, alumnos y profesionales de licenciaturas y diplomaturas relacionadas, así como cualquier personas interesadas en el tema.

Temario:

  • 1 – Introducción y geografía. 1. Introducción geográfica. 2. Breve introducción a la historiografía africana.
  • 2 – Nubia: de Kerma a los reinos coptos. 2.1. Introducción geográfica. 2.2. Primeras culturas. 2.3. La cultura de Kerma. 2.4. La ocupación egipcia y el reino de Napata. 2.5. Meroe. 2.6. Los reinos cristianos coptos.
  • 3 – De Aksum a Etiopía: el Cuerno de África. 3.1. Introducción geográfica. 3.2. Antes de Aksum: los sabeos y D’mt. 3.3. El reino de Aksum. 3.4. La época oscura y los Zagwe. 3.5. El imperio salomónida. 3.6. La yihad de Ahmad Graññ. 3.7. Etiopía tras la yihad. 3.8. Los somalíes: nómadas y marineros.
  • 4 – Los imperios sahelianos (I): Ghana y Malí. 4.1. Introducción geográfica. 4.2. Djenné Djenno. 4.3 El imperio de Wagadu o Ghana. 4.4. El imperio Malí. 4.5. La cultura Nok.
  • 5 – Los imperios sahelianos (II): Songhai. 5.1. El imperio Songhai. 5.2. Los reinos Hausa 5.3. Kanem Bornu.
  • 6 – Culturas de la selva del Golfo de Guinea. 6.1. Introducción geográfica. 6.2. Los igbo. 6.3. Los yoruba. 6.4. El imperio de Benín. 6.5. Dahomey. 6.6. Los Asante.
  • 7 – El reino de Congo. 7.1. Introducción geográfica. 7.2. El reino de Congo. 7.3. Kuba. 7.3. Los reinos de Luba y Lunda.
  • 8 – Las ciudades-estado swahili. 8.1. Introducción geográfica. 8.2. La costa de Azania  en la Antigüedad. 8.3. Las ciudades swahili. 8.4. Los reinos de los Grandes Lagos.
  • 9 – El Gran Zimbabwe y el África Austral. 9.1. Introducción geográfica. 9.2. El Gran Zimbabwe. 9.3. El reino de Mutapa. 9.4. El reino Zulú. 95. Las repúblicas bóeres.
  • 10 – Madagascar. 10.1. Introducción geográfica. 10.2. Orígenes de los malgaches. 10.3.De los clanes a los reinos (Siglos XV-XIX). 10.4. El reino de Merina.

Evaluación:
Entrega de ejercicios tras cada tema.

Observaciones:
Para la realización de los curso hay que inscribirse y/o matricularse a través de la plataforma CASIOPEA, así como crear una cuenta para el Aula Virtual del CEPOAT a través de el área de registro de nuevo usuario: http://www.um.es/cepoat/aula/login/signup.php

Para el pago se requiere seguir los siguientes pasos:
Una vez formalizada la matrícula en CASIOPEA podrá realizar el pago mediante tarjeta de crédito, banca electrónica, recibo en Ventanilla y transferencia.
– El pago con tarjeta se realiza con el acceso desde la misma matrícula en CASIOPEA.
– El pago mediante banca electrónica deberá realizarse mediante la introducción de los datos del recibo obtenido en CASIOPEA. Son: Emisora – sufijo, Referencia, Identificación, Importe.
– El pago en ventanilla o pago en efectivo deberá realizarse mediante la personalización en alguna de las sucursales que tienen acuerdo con la universidad de Murcia, es decir, Santander, CajaMurcia, CAM y CajaMar.
– El pago mediante Transferencia deberá realizarse de la siguiente manera indicando necesariamente el concepto de ingreso:
Concepto: “RECIBO: (Indicar los 13 dígitos que tiene la referencia del recibo)” y dirigirla a la siguiente cuenta: ENTIDAD BANCARIA: Cajamar CUENTA: 3058 0361 36 2731000038
DOMICILIO: C/Marqués de los Vélez, 36, esq. C/Abenarabi 30008 Murcia
Para el pago Internacional**:
IBAN: ES1530580361362731000038 BIC/SWIFT: CCRIES2A Titular: UNIVERSIDAD DE MURCIA (C.I.F. Q3018001B) Domicilio: Avda Teniente Flomesta, 5 – 30003 – Murcia
**Debéis ir a un banco principal de vuestro país, ya que si vais a uno intermediario se producen dos comisiones y por consiguiente pago incompleto del curso, lo que conlleva realizar una segunda transferencia.

Excepcionalmente se admitirá el pago de la matrícula mediante Western Union, únicamente si no es posible la realización del pago internacional y previa comunicación con el CEPOAT para la autorización del proceso.

Diario de un viaje por Etiopía – Lalibela, la Jerusalén etíope (VII)

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El vuelo desde Aksum a Lalibela apenas dura media hora. Un ahorro más que notable en tiempo si calculamos que en autobús público podemos tardar entre día y medio y  dos días. El aeropuerto está lejos de la ciudad, a 11 unos km por una carretera en construcción que hace que el trayecto dure casi tres cuartos de hora. Sin embargo, el paisaje de las montañas de Werwer –la región en la que se enclava Lalibela- es tan absolutamente espectacular que el tiempo pasa volando y, casi sin darnos cuenta, pronto entramos en esta ciudad que, más bien, parece una aldea colgada de las montañas.

Y es que Lalibela tiene unos 20.000 habitantes desparramados por las verdes colinas que rodean al que, con seguridad, es el conjunto arquitectónico más importante y visitado del país. Las calles, que en realidad se reducen a unas pocas, serpentean siguiendo las curvas de nivel de las montañas, lo que aumenta la sensación de estar en un pueblo grande más que en una ciudad. Pero conviene no subestimar el tamaño de Lalibela: siempre vamos a caminar en cuesta y, aunque las distancias parezcan cortas, algunos puntos de interés están muy lejos unos de otros. Escogimos un hotel situado en uno de los extremos de la ciudad para disfrutar de las vistas de las montañas. Aunque se acaba pagando un poco más que en otro tipo de alojamiento, merece la pena desayunar observando los espectaculares quebrantahuesos que sobrevuelan el paisaje.

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Vista desde el hotel.

Lalibela, capital de la dinastía de los Zagwe

Los orígenes de la ciudad de Lalibela se pierden en las tinieblas de la historia. La tradición dice que la fundó el rey Gebre Meskel Lalibela en el siglo XII, pero la arqueología indica que el asentamiento humano es anterior. Su primer nombre, Roha, probablemente proceda del nombre siriaco de la ciudad de Edesa, ܐܘܪܗܝ‎ Urhāy, conquistada en el siglo XII por los musulmanes. Lalibela, como miembro de la dinastía de los Zagwe, de etnia agaw, era considerado por los semitas etíopes un usurpador de la verdadera monarquía aksumita. Por ello quiso ganarse el corazón de sus súbditos respaldando la construcción de espectaculares iglesias. ¿Qué mejor manera de legitimarse en el poder que siendo el mayor valedor de la fe?

La leyenda cuenta que, tras la conquista de Jerusalén en 1187, un ángel le mostró en sueños al rey Lalibela el lugar donde había nacido, pidiéndole que construyese allí una réplica de la ciudad santa. Se dice que, mientras los obreros del rey trabajaban de día, un equipo de ángeles lo hacía de noche, terminándola en 23 años. La importancia de Lalibela como Nueva Jerusalén se refuerza por los muchos topónimos de la zona que fueron rebautizados: así, el arroyo que la atraviesa se llama Yordanos (Jordán), y también encontramos un Monte de los Olivos y un Gólgota, entre otros. Actualmente, es el centro de peregrinación más importante del país, por encima de Aksum, ya que se considera que los beneficios espirituales al visitarla son los mismos que se reciben al ir a Tierra Santa.

Las iglesias de Lalibela. Complejo Norte

La construcción de iglesias excavadas en la roca data de época aksumita, pudiendo encontrarse muchos ejemplos en prácticamente toda la región central del altiplano etíope. Sin embargo, en ningún otro lugar de Etiopía se concentran tantas y de una calidad artística tan remarcable.

Excavadas en escoria de basalto, son 11 iglesias de las cuales cuatro están completamente separadas de la roca madre por fosos, mientras las demás forman complejos hipogeos conectados por trincheras y galerías. Aunque no hay acuerdo sobre la cronología exacta, se cree que se construyeron entre los siglos XII y XIII, empleándose a miles de trabajadores para su construcción. Los diferentes estilos indican un dilatado trabajo en el tiempo, mucho mayor que los 23 años de la leyenda.

Los templos se concentran en tres grupos: el primero, situado al norte, de evidente origen religioso; el sureste, que por sus extrañas formas y fosos algunos sugieren que pudo ser en origen un recinto palaciego; y, por último, la solitaria iglesia de Bete Giyorgis.

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La primera concentración de iglesias monolíticas se organiza a partir de un eje monumental compuesto por las iglesias de Medhane Alem y Bete Maryam. Ésta, de planta rectangular y con tres gráciles pórticos de acceso, ocupa el centro del patio alrededor del cual se organizan el resto de templos. En los flancos del patio se hallan las iglesias de Bete Dengel (Casa de las Vírgenes) y Bete Meskel (Casa de la Cruz). A través de un pasadizo podemos acceder a la mayor de todas: se trata de la espectacular Medhane Alem (Salvador del Mundo) que, rodeada por 30 pilares, cuenta con 33 metros por 23 de ancho y 11 de alturas. Dentro, se organiza en cinco naves gracias a 16 pilares unidos entre sí mediante arcos de medio punto. La escasa luz que entra por las pequeñas ventanas de estilo aksumita permite crea un ambiente de recogimiento idóneo para la oración.

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Al sur del patio de Bete Maryam, podemos acceder al último templo que nos queda por conocer de este complejo: se trata de Bete Golgotah-Mikael-Selassie, donde yacen los restos del emperador Lalibela. En realidad, se tratan de tres estancias comunicadas entre sí. La primera, Debre Sina, está dividida por ocho pilares cruciformes. De ahí pasamos al espacio Lalibela-Mikael, en cuyo Sancta Sanctorum –inaccesible- se encuentra la tumba de Lalibela. Destacan los relieves de santos que ocupan los grandes nichos de la capilla. Esta parte está vetada a las mujeres, por desgracia. La última capilla es la cripta de Selassie, con sus tres altares monolíticos.

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Complejo Sureste y Bete Giyorgis

El complejo sureste es el que ofrece mayores dudas a los arqueólogos sobre cuál pudo ser su función original, ya que algunos autores sugieren que pudo ser el área palatina de los Zagwe. La idea se refuerza en la zona de entrada al complejo: la fachada de la iglesia doble de Gabriel y Rafael, precedida por un profundo foso y sus nichos de arcos apuntados, parece más la entrada monumental de un edificio civil que un templo. Cerca de estas dos iglesias se halla la de Bethlehem, posible horno de cocción del pan de comulgar (Bet lehem significa en hebreo casa del pan) o eremitorio real.

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Entrada por la iglesia doble de Bete Gabriel Rafael.

La idea de una posible función palaciega se refuerza al entrar en Bete Merkorios, una gran sala hipóstila que pudo funcionar como sala de audiencia real. Ahí pudimos escuchar a un grupo de sacerdotes cantando en ge’ez, la lengua litúrgica del cristianismo etíope. Una experiencia inolvidable.

En el centro de un patio excavado en la roca, se erige Bete Emmanuel. Posible capilla palatina para uso exclusivo de la familia real, la influencia de la arquitectura aksumita es palpable en cada rincón del templo. Una vez en el interior, conviene fijarse en los detalles decorativos.

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Fachada de Bete Emmanuel.

La última iglesia de este complejo es Bete Libanos, accesible tras pasar por un curioso conjunto de escaleras y fosos, y construida en el interior de una cueva como si fuera el gran pilar que sostiene la bóveda. La decoración exterior es sencilla pero sublime: dividida por cinco pilares, hay tres ventanas de arcos apuntados, cuatro ventanas cruciformes y una pequeña puerta de acceso. Merece la pena contemplar el interior, con su nave central más elevada y su decoración.

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Acceso a Bete Libanos.

Bete Giyorgis es, sin duda, la joya de Lalibela. Se trata de la iglesia más tardía del conjunto y, quizá por ello, la más refinada de todas en cuanto a su calidad artística. Ubicada en el medio de un foso cuadrangular, tiene una inusual planta de cruz griega que le da un aire de torreón. Elevada sobre un falso podio de 3 escalones, sus doce lados cuentan cada uno con una ventana ojival con decoración vegetal. Su interior, aunque más modesto que otros, muestra una elegante sobriedad.

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Bete Giyorgis, la más célebre de las iglesias de Lalibela.

Para terminar nuestra visita a la ciudad, recomiendo parar a comer en el restaurante Ben Abeba. De estrambótica arquitectura, sus terrazas suspendidas ofrecen unas espectaculares vistas de los valles de Werwer. Además, los camareros que lo atienden son muy simpáticos y la comida, excelente.

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Vista desde una de las terrazas-miradores de Ben Abeba.

Yemrehane Krestos

A unos 42 kilómetros de Lalibela podemos visitar la fantástica iglesia de Yemrehane Krestos, construida en el interior de una cueva. El trayecto desde Lalibela dura hora y media (la carretera está en construcción) hasta el pueblo del mismo nombre, desde donde hay que dejar el coche para proceder a la ascensión hacia el templo mediante una escalera recientemente construida. El paseo es muy grato ya que atravesamos un bosque de juníperos y, si se tiene la suerte de visitarlo en temporada de lluvias, a la entrada de la cueva veremos caer una cascada.

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Aunque la tradición dice que la construyó a mediados del siglo XII el rey homónimo, lo más probable es que se edificase a mediados del XIII. Su exterior alterna franjas de enlucido blanco con otras de vigas de madera. Su apariencia exterior es, a juicio de los especialistas, el más claro ejemplo de pervivencia de la arquitectura tradicional aksumita en época tardía. Cuenta con 26 ventanas, cada una de ellas diferente. Su planta es basilical, con cuatro pilares que organizan el espacio en tres naves. En la central encontramos un espectacular artesonado de madera. Las cubiertas del interior son planas, no abovedadas, siendo las nueve diferentes. El santuario de la iglesia, orientado hacia el este, está cubierto por una cúpula. La decoración interior del templo es magnífica, con numerosos motivos entrelazados, destacando los motivos cruciformes de los intradós de los arcos.

Detrás del templo, en lo más hondo de la cueva, encontraremos los macabros restos de los miles de cadáveres de peregrinos que escogieron este lugar como el de su eterno descanso. Cerca de ellos veremos la tumba del propio rey Yemrehane.

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Fachada de Yemrehane Krestos.

En la comarca circundante de Lalibela hay muchas iglesias excavadas en la roca o construidas en el interior de cuevas. Quienes deseen conocerlas conviene que contraten algún servicio de coche y guía en la propia Lalibela. La más cercana es la de Na’akueto La’ab, ubicada cerca de la carretera del aeropuerto, y es famosa porque en ella yacen los restos del santo rey homónimo, sobrino y sucesor de Lalibela. Similar en estilo constructivo a las iglesias rupestres de Lalibela es la iglesia de Gennata Maryam, construida, según la tradición, por Yekuno Amlak, fundador de la dinastía Salomónida en 1270.

Para concluir, creo sinceramente que ningún relato o fotografía hace justicia a la grandiosa belleza de Lalibela; es más, es necesario experimentarla, estar allí y ver cómo naturaleza y obra del hombre forman un conjunto tan espectacular. No en vano, quiero hacer mías las palabras del portugués Francisco Álvares, uno de los primeros europeos que contempló estas maravillosas iglesias en la lejana década de 1520:

Enfádome de escribir más sobre estas obras [las iglesias], porque me parece que no me creerán si escribo más y porque, a lo que he escrito, me podrán tachar de no ser verdad, por tanto juro por Dios en cuyo poder estoy que todo lo escrito es verdad y mucho más de lo que vi y dejé para que no me tachasen de mentiroso. Francisco Álvares. Verdadeira informação das terras do Preste João das Índias. Lisboa, 1943.

Horror en Namibia: el genocidio herero y namaqua (Podcast 20 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Entrada Podcast 20

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Puede escuchar el podcast aquí:

La historia de las matanzas entre seres humanos es, por desgracia, tan antigua como la propia humanidad. Los primeros asesinatos los encontramos registrados en la remota prehistoria: especialmente famoso es el caso de Ötzi, el famoso cadáver congelado hallado en los Alpes, que murió herido por varias flechas. Ya en la era histórica, los primeros conflictos organizados que tenemos registrados se originan en Mesopotamia y Egipto. A partir de entonces, las guerras han sido compañeras inseparables del devenir humano, alzando imperios o pequeños estados y derribando a otros.

Sin embargo, ha sido durante el siglo XX cuando la brutalidad del asesinato masivo ha alcanzado cifras apocalípticas. A muchos nos vienen a la cabeza genocidios como el de los nazis contra los judíos o los gitanos, el de los turcos otomanos contra los armenios o, mucho más reciente, el de Ruanda. Todos ellos de números espeluznantes: millones de seres humanos asesinados por el mero hecho de pertenecer a un determinado grupo étnico al que se odia, al que se quiere exterminar.

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Iglesia de Cristo y monumento a la caballería alemana antes de ser cambiado de lugar en 2009. Fuente: Wikimedia – Freddy Weber.

Pero algunos de estos crímenes no son tan conocidos. Por eso, hoy queremos recordar que uno de los primeros genocidios del siglo XX comenzó en África, más concretamente en la actual Namibia. Aunque sus cifras no fueron tan terribles como las de otros genocidios posteriores, la intención de borrar del mapa a dos grupos étnicos fue exactamente igual.

Namibia - Alemanes contra hereros

Alemanes combatiendo a los rebeldes herero. Fuente: Wikimedia.

El territorio de la actual Namibia se compone de dos grandes desiertos: el del Kalahari, cuyas precipitaciones anuales permiten el desarrollo de una escasa vegetación de la que dependen no pocas especies animales, y el de Namibia, de grandes campos de dunas. La vida para el hombre allí ha sido siempre difícil; no en vano, los pueblos que la habitan, como los namaqua –del grupo khokhoi- y los ovambo o los herero –bantúes-, entre otros, son nómadas, luchando constantemente por encontrar agua donde poder saciar su sed y la de su ganado.

Durante la época del nefasto reparto de África, a finales del siglo XIX, los alemanes pusieron sus ojos en aquella reseca extensión de terreno, la única que no reclamaban ni portugueses ni ingleses. De esta manera, en 1883, un comerciante llamado Lüderitz adquiría una porción de terreno en la costa cerca de Angra Pequena. Así nacía la aventura germana en el sudoeste africano.

Vista del puerto de Lüderitz, Namibia. La península de Shark Island aparece en primer plano. Fuente: Wikimedia – .Brian J. McMorrow.

Por su clima seco y ausencia de enfermedades, junto con la existencia de algunas tierras fértiles, la nueva colonia del África Sudoccidental Alemana se convirtió en un territorio apto para la colonización blanca. Pronto los colonos empezaron a instalarse en el terreno, arrebatando a los nativos sus tierras y su ganado. Éstos, además, pasaron a convertirse en mano de obra barata al servicio de los alemanes. La situación empeoró con la construcción del ferrocarril de Otavi, el cual facilitó la penetración germana al interior. Las violaciones de mujeres herero, frecuentes y rara vez castigadas por el derecho germano, añadieron más leña al fuego del descontento aborigen.

Los abusos y el racismo de los germanos exacerbaron los ánimos entre los pueblos nativos, que pronto se decidieron a tomar las armas. La rebelión estalló en 1903, liderada por los Nama. Pronto se les unieron los herero, una etnia bantú. En un primer ataque, dirigido por el jefe Samuel Maharero, mataron a entre 123 y 150 colonos alemanes, logrando cortar las comunicaciones de Windhuk –hoy Windhoek-, la capital colonial. El gobernador Leutwein, aterrorizado, pidió refuerzos a Berlín, quien le envió al general Trotha al mando de un ejército de 14.000 soldados.

Trotha era una persona inflexible, que consideraba que con los rebeldes no se podía negociar. Así, tomó la drástica decisión de exterminar a los herero y los nama o, al menos, conseguir expulsarlos del territorio ocupado por Alemania. Además, el general germano creía que la lucha con los nativos era un asunto de guerra racial por los recursos, por lo que sólo cabía exterminarlos.

Namibia - Lothar von Trotha

Lothar von Trotha. Wikimedia.

Lothar von Trotha pudo contener a los levantiscos hereros y namas, derrotándolos en la batalla de Waterberg, librada entre el 11 y el 12 de agosto de 1904. Los alemanes procedieron a perseguir a los que no habían podido capturar tras la derrota, matándolos sin piedad junto a mujeres y niños. Sólo 1000, con Maharero a la cabeza, lograron cruzar la frontera con la Bechuanalandia inglesa (hoy Botswana), mientras otros murieron intentando encontrar agua potable en el desierto de Omaheke.

Pero la brutalidad de Trotha no quedó ahí. Tras prohibir a los que habían escapado su entrada en la colonia, ordenó el internamiento de todos los herero y los nama en campos de concentración, siendo el más famoso el de Shark Island, en Lüderitz. Sometidos a trabajos forzados, hambrientos, enfermos y azotados con frecuencia, se cree que entre el 50 y el 75% de los presos murieron entre 1905 y 1907. Además, a algunos se les inyectó opio y arsénico, siendo empleados como cobayas humanas. Unas 300 calaveras fueron enviadas a Alemania con el fin de ser utilizadas para demostrar la supuesta superioridad de los blancos sobre los negros.

Algunas voces alemanas mostraron su disconformidad con los métodos empleados por Trotha –en quien no es difícil ver a un precursor del nazismo-, como el propio gobernador Leutwein, quien quería llegar a un acuerdo con los herero y los nama y, sobre todo, el canciller imperial Bülow, que veía aquel exterminio como un acto inhumano. Pese a todo, nada cambió.

Una vez que se clausuraron los campos, la humillación no terminó para los nativos. Los 19.000 supervivientes fueron repartidos como mano de obra barata para los colonos alemanes, teniendo que portar siempre un disco de metal con su identificación. Pero lo peor, sin duda, fue la prohibición de poseer ganado, algo fundamental para una sociedad ganadera.

Namibia - Supervivientes herero

Supervivientes herero. Nótese la evidente desnutrición que padecieron. Fuente: Wikimedia.

Los crímenes de los alemanes en Namibia no fueron revelados a la opinión pública internacional hasta 1918, cuando el Imperio Alemán fue derrotado. Las cifras de las víctimas son difícilmente calculables, ya que nadie sabía con exactitud cuántos nativos habitaban el territorio, dada su alta movilidad. Se estima que murieron unos 10.000 namas y entre 25.000 y 100.000 hereros, lo que suponía el 80% del total existente antes de las masacre.

Alemania pidió perdón a los herero y los nama cien años después, en 2004. Con las excusas llegó una cierta cantidad de dinero para compensar a los descendientes de las víctimas y numerosos actos de reconocimiento del dolor causado. Se reconoció el daño hecho, aunque las cicatrices del genocidio aún pueden sentirse en la actual Namibia.

El final del Camerún alemán y los refugiados germanos en la Guinea Española (Podcast 19 de “La Biblioteca de Tombuctu” – THDT)

Entrada Podcast 19

La Biblioteca de Tombuctú volvió esta semana a tener formato de entrevista para recibir a Carlos A. Font Gavira, historiador y archivero andaluz especializado en historia de la colonia germana de Camerún.

En esta sesión, hemos conocido el desarrollo y el final del sueño colonial alemán en el golfo de Guinea debido a su derrota tras la I Guerra Mundial. Sin embargo, es poco conocida la importancia que tuvo la colonia de la Guinea Española (hoy Guinea Ecuatorial) como tierra de acogida de una ingente cantidad de colonos germanos y nativos cameruneses que, tras la invasión aliada, prefirieron escapar a territorio español, nación neutral durante el conflicto, antes que caer presos. Quienes quiera conocer más detalles, pueden escuchar el podcast:

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