Reino de Aksum

Cultura etíope y eritrea

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Publicación del libro”Lalibela”, el primero en español dedicado a las iglesias más famosas de Etiopía

El 18 de septiembre sale a la venta mi primer libro, dedicado a Lalibela, que es el volumen número 45 de la colección de Arqueología de National Geographic. Además, RBA, gestora en España y en México de los derechos de distribución de National Geographic, ha traducido toda la colección al italiano (donde mi libro saldrá el 9 de septiembre) y al francés.

Tal vez os resulte extraño que Lalibela esté incluida en una colección de arqueología, dado el buen estado de la mayoría de los templos, pero en realidad, es un yacimiento arqueológico impresionante. Y no, no se construyó todo de una vez, como sugiere la leyenda del rey Lalibela, sino que la antigua Roha (pues este era su nombre original) se excavó en la roca en un proceso que duró siete siglos. De hecho, es curioso ver cómo los canteros etíopes -pues no eran ni coptos ni templarios, como tradicionalmente se ha dicho- aprendieron a lo largo de esos siete siglos usando el sistema de ensayo-error, y pasando sus conocimientos de generación en generación, ayudando a que la técnica se perfeccionase. Así, mientras los primeros túneles eran de gran tosquedad, en el siglo XIII el dominio de la talla de la escoria de basalto dio como resultado el bello templo de Beta Giyorgis. Para llegar a estas conclusiones ha sido muy necesaria la arqueología, dado que los textos callan muchos de estos detalles, limitándose a transmitir tradiciones o leyendas erróneas.

Beta Giyorgis, erigida en la etapa final de Lalibela, es la iglesia más conocida del conjunto.

El libro es, en principio, obra colectiva, por lo que no esperéis a ver mi nombre en la portada, pero sí en los créditos. De hecho, me he ocupado de la redacción de textos y la asesoría documental, al tiempo que daba las indicaciones precisas a los ilustradores para las reconstrucciones en 3D y los planos y mapas.

Aunque de momento no puedo publicar imágenes,  lo que más me gusta es lo visual que resulta. Quienes tengáis la oportunidad, podéis echarle un vistazo a cualquiera de los otros volúmenes que conforman la colección para haceros una idea del resultado final. Las iustraciones en 3D, inéditas, han sido creadas ex-profeso para el libro, al igual que todos los mapas y planos que en él aparecen.

Echando la vista atrás, me siento muy agradecido por haber tenido la oportunidad de escribirlo. El ritmo de trabajo ha sido duro, ya que los plazos de entrega de cada capítulo y de la revisión de imágenes eran muy ajustados. Si a esto le sumamos que trabajo como profesor a tiempo completo, podéis imaginar que el primer tercio de este año fue intenso. Sin embargo, aquí debo agradecer toda la ayuda que me prestó Mar Valls, coordinadora del tomo, quien me puso en contacto con los ilustradores y me dio valiosos consejos sobre los textos. Su paciencia y profesionalidad hicieron mucho más ágil y liviano mi trabajo en una época de gran estrés.

A pesar de la ingente carga de trabajo que me ha supuesto el libro, estoy más que orgulloso del resultado. Es el primer libro escrito en español sobre el yacimiento, y para redactarlo he procurado utilizar las fuentes bibliográficas de mayor autoridad y novedad, ya que en los últimos años se ha cambiado mucho la percepción original sobre el yacimiento. Os animo a comprar el libro para saber más. Espero que os agrade el resultado tanto como a mí el proceso de crearlo.

አመሰግናለው (¡Gracias!)

25 de mayo: día de África. El nacimiento de la OUA

El 25 de mayo es el día de África, quizá una de las fechas más señaladas para los que nos dedicamos al estudio de ese gran continente. Sin embargo, pocos saben que lo que se celebra es un hecho de gran trascendencia: la constitución de la Organización para la Unidad Africana, organismo que en 2002 se transformó en la Unión Africana.

Los orígenes

La explosión de países africanos independizados a comienzos de los sesenta puso de nuevo en la palestra alguno de los anhelos de los movimientos panafricanistas. Bajo la premisa de una artificiosa y utópica unidad de los estados africanos, en el oeste del continente se ensayaron algunos experimentos que resultaron fallidos, como la Federación de Mali, que englobó entre 1959 y 1960 a Senegal y Mali, o la Unión de Estados Africanos, que unió temporalmente a Guinea, Ghana y Mali entre 1958 y 1961 (Mali se unió en 1960). La escasa identificación de los grupos étnicos que habitaban estos nuevos estados poscoloniales, sumada a la desconfianza mutua de las diferentes élites de las principales capitales convirtieron pronto estos proyectos en papel mojado.

Tras estos fracasos, entre los panafricanistas surgieron tensiones sobre qué hacer, apareciendo dos facciones enfrentadass: mientras el bloque de Casablanca, dirigido por el carismático ghanés Kwame Nkrumah pretendía la creación de una federación de estados que abarcase a todo el continente africano, el bloque de Monrovia, con el senegalés Senghor a la cabeza, planeaba una cooperación económica entre estados que quizá en el futuro pudiese prestarse a algún tipo de cooperación política.

El impulso de Haile Selassie

Haile Selassie, a la sazón emperador de Etiopía, no estaba dispuesto a participar en grandes federaciones de estados; en realidad, nunca tuvo la más mínima intención de ceder ni un ápice de su poder a ninguna institución supranacional. Sin embargo, veía los beneficios que una posible asociación de estados africanos podía traer, y más en un mundo de bloques enfrentados -comunistas contra capitalistas- en el que los débiles nuevos países apenas podían competir.

Africa Hall, sede de la OUA.

Así, en mayo de 1963 invitó a ambos bloques a reunirse en Addis Abeba para dialogar y encontrar espacios comunes a partir de los cuales ponerse a trabajar. Los 32 jefes de estado africanos acordaron crear la Organización para la Unidad Africana, la cual nació el 25 de mayo de 1963. En la Carta de la nueva organización, cuya sede quedó fijada en la capital etíope como homenaje a su feroz defensa de la independencia frente al colonialismo, se establecieron los objetivos del organismo, entre los que se encontraban promover la unión y la solidaridad entre estados africanos, eliminar el colonialismo, garantizar la soberanía e integridad territorial de sus estados miembros, coordinar la colaboración para la mejora del nivel de vida de los ciudadanos y promover la defensa de los derechos humanos.

Junto a la Carta, se creó una estructura a cuya cabeza se situaba el secretario general. Existía una Asamblea de jefes de estado que era la que decidía las principales políticas a llevar a cabo, y también un Consejo de Ministros, compuesto por los ministros de asuntos exteriores de todos los estados miembros.

La OUA nació sin satisfacer a ninguno de los dos bloques de panafricanistas. Por otro lado, durante toda su existencia fue un organismo debilitado por el escaso compromiso de muchos de sus estados miembros, aunque tuvo éxito a la hora de librar a la mayor parte del territorio africano del colonialismo y al animar a la creación de diferentes organismos supranacionales de cooperación económica como el ECOWAS. Gracias al impulso del líder libio Gadaffi, en 2002 54 países africanos decidieron crear la Unión Africana, la evolución lógica de la OUA, cuya sede se encuentra también en Addis. Pese a que la nueva organización nació el 9 de julio, decidió conservar el 25 de mayo como día del continente.

El nuevo edificio de la Unión Africana en Addis Abeba. Fuente.

 

 

2ª edición del curso online de Historia del África Subsahariana Precolonial – CEPOAT (Universidad de Murcia)

MATRICÚLATE AQUÍ

Tras el éxito del primero, el 1 de enero de 2017 comenzamos la segunda edición del curso online de Historia de África Subsahariana Precolonial, el cual impartiremos en el CEPOAT de la Universidad de Murcia. A continuación pasamos a indicar las características del curso. La programación es descargable aquí.

Presentación del curso

La historia del África Subsahariana es una gran desconocida entre el público español, en particular, y el europeo, en general. Por ello, consideramos necesario y útil para la sociedad la impartición del presente curso, dada la escasa oferta de formación en el área existente actualmente en el panorama académico español, a pesar de la creciente demanda de numerosos particulares e instituciones. El curso está abierto a todas aquellas personas que deseen formarse en este ámbito, si bien está especialmente enfocado a estudiantes del área de Humanidades, principalmente de los grados de Historia, Historia del Arte y Geografía, dada la estrecha relación que existe con los contenidos que estudian. Hoy por hoy, los planes de estudio de las universidades españolas apenas incluyen contenidos referidos a la historia de un continente que se halla a sólo 14 kilómetros de la península ibérica. Asimismo, creemos que este curso puede ser útil para el profesorado vinculado a las Ciencias Sociales, ya que la actual multiculturalidad existente en la sociedad y las aulas españolas hace deseable que conozcan los rudimentos de la rica historia africana.

Datos básicos

Profesor: Mario Lozano Alonso

Plazo de matrícula y beca: del 1/12/2016 al 26/12/2016

Lugar de presentación de matrícula on line: CASIOPEA

Email de contacto: cepoat@um.es

Teléfono de información: 666125197 — 0034 868883890

Destinatarios:
Profesionales y estudiantes de Historia, Arqueología, filología, alumnos y profesionales de licenciaturas y diplomaturas relacionadas, así como cualquier personas interesadas en el tema.

Temario:

  • 1 – Introducción y geografía. 1. Introducción geográfica. 2. Breve introducción a la historiografía africana.
  • 2 – Nubia: de Kerma a los reinos coptos. 2.1. Introducción geográfica. 2.2. Primeras culturas. 2.3. La cultura de Kerma. 2.4. La ocupación egipcia y el reino de Napata. 2.5. Meroe. 2.6. Los reinos cristianos coptos.
  • 3 – De Aksum a Etiopía: el Cuerno de África. 3.1. Introducción geográfica. 3.2. Antes de Aksum: los sabeos y D’mt. 3.3. El reino de Aksum. 3.4. La época oscura y los Zagwe. 3.5. El imperio salomónida. 3.6. La yihad de Ahmad Graññ. 3.7. Etiopía tras la yihad. 3.8. Los somalíes: nómadas y marineros.
  • 4 – Los imperios sahelianos (I): Ghana y Malí. 4.1. Introducción geográfica. 4.2. Djenné Djenno. 4.3 El imperio de Wagadu o Ghana. 4.4. El imperio Malí. 4.5. La cultura Nok.
  • 5 – Los imperios sahelianos (II): Songhai. 5.1. El imperio Songhai. 5.2. Los reinos Hausa 5.3. Kanem Bornu.
  • 6 – Culturas de la selva del Golfo de Guinea. 6.1. Introducción geográfica. 6.2. Los igbo. 6.3. Los yoruba. 6.4. El imperio de Benín. 6.5. Dahomey. 6.6. Los Asante.
  • 7 – El reino de Congo. 7.1. Introducción geográfica. 7.2. El reino de Congo. 7.3. Kuba. 7.3. Los reinos de Luba y Lunda.
  • 8 – Las ciudades-estado swahili. 8.1. Introducción geográfica. 8.2. La costa de Azania  en la Antigüedad. 8.3. Las ciudades swahili. 8.4. Los reinos de los Grandes Lagos.
  • 9 – El Gran Zimbabwe y el África Austral. 9.1. Introducción geográfica. 9.2. El Gran Zimbabwe. 9.3. El reino de Mutapa. 9.4. El reino Zulú. 95. Las repúblicas bóeres.
  • 10 – Madagascar. 10.1. Introducción geográfica. 10.2. Orígenes de los malgaches. 10.3.De los clanes a los reinos (Siglos XV-XIX). 10.4. El reino de Merina.

Evaluación:
Entrega de ejercicios tras cada tema.

Observaciones:
Para la realización de los curso hay que inscribirse y/o matricularse a través de la plataforma CASIOPEA, así como crear una cuenta para el Aula Virtual del CEPOAT a través de el área de registro de nuevo usuario: http://www.um.es/cepoat/aula/login/signup.php

Para el pago se requiere seguir los siguientes pasos:
Una vez formalizada la matrícula en CASIOPEA podrá realizar el pago mediante tarjeta de crédito, banca electrónica, recibo en Ventanilla y transferencia.
– El pago con tarjeta se realiza con el acceso desde la misma matrícula en CASIOPEA.
– El pago mediante banca electrónica deberá realizarse mediante la introducción de los datos del recibo obtenido en CASIOPEA. Son: Emisora – sufijo, Referencia, Identificación, Importe.
– El pago en ventanilla o pago en efectivo deberá realizarse mediante la personalización en alguna de las sucursales que tienen acuerdo con la universidad de Murcia, es decir, Santander, CajaMurcia, CAM y CajaMar.
– El pago mediante Transferencia deberá realizarse de la siguiente manera indicando necesariamente el concepto de ingreso:
Concepto: “RECIBO: (Indicar los 13 dígitos que tiene la referencia del recibo)” y dirigirla a la siguiente cuenta: ENTIDAD BANCARIA: Cajamar CUENTA: 3058 0361 36 2731000038
DOMICILIO: C/Marqués de los Vélez, 36, esq. C/Abenarabi 30008 Murcia
Para el pago Internacional**:
IBAN: ES1530580361362731000038 BIC/SWIFT: CCRIES2A Titular: UNIVERSIDAD DE MURCIA (C.I.F. Q3018001B) Domicilio: Avda Teniente Flomesta, 5 – 30003 – Murcia
**Debéis ir a un banco principal de vuestro país, ya que si vais a uno intermediario se producen dos comisiones y por consiguiente pago incompleto del curso, lo que conlleva realizar una segunda transferencia.

Excepcionalmente se admitirá el pago de la matrícula mediante Western Union, únicamente si no es posible la realización del pago internacional y previa comunicación con el CEPOAT para la autorización del proceso.

Actividades africanistas para la segunda semana de junio en Madrid

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Esta semana se celebrarán en Madrid capital dos eventos que pueden interesar a aquellas personas que deseen conocer mejor las relaciones históricas y literarias entre España y África.

El primer acto será el 9 de junio, jueves, a las 19:00. Luis Temboury presentará en la Fundación Sur su obra “Nuestros nobles parientes”. En este libro, del que hemos hablado anteriormente, Temboury se centra en las estrechas relaciones  entre Al-Ándalus y el Sudán Occidental, las cuales dieron como fruto bibliotecas tan espectaculares como el Fondo Kati.

Al día siguiente, 10 de junio, se celebrará en la biblioteca Eugenio Trías (antigua Casa de Fieras del Parque del Retiro) la jornada sobre literatura hispano-africana “El mar que nos une”, en el que intervendrán varios escritores de reconocida trayectoria.

Programa:

11.00 horas. Inauguración de las Jornadas

• Basilio Rodríguez Cañada (presidente del Grupo editorial Sial Pigmalión, presidente del PEN Club Español y africanista).

• Carlos Vásquez-Zawadzki (escritor, presidente del PEN Club de Colombia)

11.10 horas. “Visiones literarias de África”

• Pablo Ignacio Dalmases (escritor y periodista)

• Luis Temboury (escritor y periodista)

• Jesús Palacios (historiador y periodista)

• José Menéndez Hernández (escritor y ex magistrado del Tribunal Supremo, AEA)

• Antonio Carrasco González (escritor y africanista, AEA)

Modera: Juan Manuel Riesgo (URJC, AEA)

11.50 horas. “Literaturas de Hispanoamérica”

• Carlos Vásquez-Zawadzki (escritor, PEN Club de Colombia)

• Rodrigo Argüello (escritor, PEN Club de Colombia)

• Laura Hernández (escritora)

• Consuelo Cruz Arboleda (Fundación Internacional de Derechos Humanos, escritora)

• Socorro Mármol Brís (escritora, PEN Club Español)

Modera: Basilio Rodríguez Cañada (PEN Club Español)

12.30 horas. “Literaturas de Guinea Ecuatorial”

• Adolfo Obiang Biko (escritor y político)

• Augusto Iyanga Pendi (Universitat de València)

• Juan Riochí (Asesor jurídico laboral, AEA)

• Ángela Nzambi (escritora, Comisión Española de Ayuda al Refugiado)

• Gloria Nistal (escritora y gestora cultural, AEA)

Modera: Justo Bolekia Boleká (Univ. de Salamanca, AEA)

13.10 horas. “Mujer y literatura”:

• M.ª Antonia García de León (escritora, Univ. Complutense de Madrid)

• María Paz Ruiz (periodista y escritora)

• Ondina Zea (escritora, PEN Club Español)

• M.ª Ángeles Cantalapiedra (escritora)

Moderadora: Ángeles Castillo Núñez (AEA)

13.50 horas. Clausura

Firma de libros • Feria del Libro • Caseta 196 • Grupo editorial Sial Pigmalión

Coordinación: Basilio Rodríguez Cañada

LUGAR: Biblioteca Eugenio Trías (Casa de Fieras de El Retiro) Paseo Fernán Núñez, 24, Madrid

FECHA: 10 Junio 2016 – 11:00 – 14:00 horas

Horror en Namibia: el genocidio herero y namaqua (Podcast 20 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Entrada Podcast 20

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Puede escuchar el podcast aquí:

La historia de las matanzas entre seres humanos es, por desgracia, tan antigua como la propia humanidad. Los primeros asesinatos los encontramos registrados en la remota prehistoria: especialmente famoso es el caso de Ötzi, el famoso cadáver congelado hallado en los Alpes, que murió herido por varias flechas. Ya en la era histórica, los primeros conflictos organizados que tenemos registrados se originan en Mesopotamia y Egipto. A partir de entonces, las guerras han sido compañeras inseparables del devenir humano, alzando imperios o pequeños estados y derribando a otros.

Sin embargo, ha sido durante el siglo XX cuando la brutalidad del asesinato masivo ha alcanzado cifras apocalípticas. A muchos nos vienen a la cabeza genocidios como el de los nazis contra los judíos o los gitanos, el de los turcos otomanos contra los armenios o, mucho más reciente, el de Ruanda. Todos ellos de números espeluznantes: millones de seres humanos asesinados por el mero hecho de pertenecer a un determinado grupo étnico al que se odia, al que se quiere exterminar.

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Iglesia de Cristo y monumento a la caballería alemana antes de ser cambiado de lugar en 2009. Fuente: Wikimedia – Freddy Weber.

Pero algunos de estos crímenes no son tan conocidos. Por eso, hoy queremos recordar que uno de los primeros genocidios del siglo XX comenzó en África, más concretamente en la actual Namibia. Aunque sus cifras no fueron tan terribles como las de otros genocidios posteriores, la intención de borrar del mapa a dos grupos étnicos fue exactamente igual.

Namibia - Alemanes contra hereros

Alemanes combatiendo a los rebeldes herero. Fuente: Wikimedia.

El territorio de la actual Namibia se compone de dos grandes desiertos: el del Kalahari, cuyas precipitaciones anuales permiten el desarrollo de una escasa vegetación de la que dependen no pocas especies animales, y el de Namibia, de grandes campos de dunas. La vida para el hombre allí ha sido siempre difícil; no en vano, los pueblos que la habitan, como los namaqua –del grupo khokhoi- y los ovambo o los herero –bantúes-, entre otros, son nómadas, luchando constantemente por encontrar agua donde poder saciar su sed y la de su ganado.

Durante la época del nefasto reparto de África, a finales del siglo XIX, los alemanes pusieron sus ojos en aquella reseca extensión de terreno, la única que no reclamaban ni portugueses ni ingleses. De esta manera, en 1883, un comerciante llamado Lüderitz adquiría una porción de terreno en la costa cerca de Angra Pequena. Así nacía la aventura germana en el sudoeste africano.

Vista del puerto de Lüderitz, Namibia. La península de Shark Island aparece en primer plano. Fuente: Wikimedia – .Brian J. McMorrow.

Por su clima seco y ausencia de enfermedades, junto con la existencia de algunas tierras fértiles, la nueva colonia del África Sudoccidental Alemana se convirtió en un territorio apto para la colonización blanca. Pronto los colonos empezaron a instalarse en el terreno, arrebatando a los nativos sus tierras y su ganado. Éstos, además, pasaron a convertirse en mano de obra barata al servicio de los alemanes. La situación empeoró con la construcción del ferrocarril de Otavi, el cual facilitó la penetración germana al interior. Las violaciones de mujeres herero, frecuentes y rara vez castigadas por el derecho germano, añadieron más leña al fuego del descontento aborigen.

Los abusos y el racismo de los germanos exacerbaron los ánimos entre los pueblos nativos, que pronto se decidieron a tomar las armas. La rebelión estalló en 1903, liderada por los Nama. Pronto se les unieron los herero, una etnia bantú. En un primer ataque, dirigido por el jefe Samuel Maharero, mataron a entre 123 y 150 colonos alemanes, logrando cortar las comunicaciones de Windhuk –hoy Windhoek-, la capital colonial. El gobernador Leutwein, aterrorizado, pidió refuerzos a Berlín, quien le envió al general Trotha al mando de un ejército de 14.000 soldados.

Trotha era una persona inflexible, que consideraba que con los rebeldes no se podía negociar. Así, tomó la drástica decisión de exterminar a los herero y los nama o, al menos, conseguir expulsarlos del territorio ocupado por Alemania. Además, el general germano creía que la lucha con los nativos era un asunto de guerra racial por los recursos, por lo que sólo cabía exterminarlos.

Namibia - Lothar von Trotha

Lothar von Trotha. Wikimedia.

Lothar von Trotha pudo contener a los levantiscos hereros y namas, derrotándolos en la batalla de Waterberg, librada entre el 11 y el 12 de agosto de 1904. Los alemanes procedieron a perseguir a los que no habían podido capturar tras la derrota, matándolos sin piedad junto a mujeres y niños. Sólo 1000, con Maharero a la cabeza, lograron cruzar la frontera con la Bechuanalandia inglesa (hoy Botswana), mientras otros murieron intentando encontrar agua potable en el desierto de Omaheke.

Pero la brutalidad de Trotha no quedó ahí. Tras prohibir a los que habían escapado su entrada en la colonia, ordenó el internamiento de todos los herero y los nama en campos de concentración, siendo el más famoso el de Shark Island, en Lüderitz. Sometidos a trabajos forzados, hambrientos, enfermos y azotados con frecuencia, se cree que entre el 50 y el 75% de los presos murieron entre 1905 y 1907. Además, a algunos se les inyectó opio y arsénico, siendo empleados como cobayas humanas. Unas 300 calaveras fueron enviadas a Alemania con el fin de ser utilizadas para demostrar la supuesta superioridad de los blancos sobre los negros.

Algunas voces alemanas mostraron su disconformidad con los métodos empleados por Trotha –en quien no es difícil ver a un precursor del nazismo-, como el propio gobernador Leutwein, quien quería llegar a un acuerdo con los herero y los nama y, sobre todo, el canciller imperial Bülow, que veía aquel exterminio como un acto inhumano. Pese a todo, nada cambió.

Una vez que se clausuraron los campos, la humillación no terminó para los nativos. Los 19.000 supervivientes fueron repartidos como mano de obra barata para los colonos alemanes, teniendo que portar siempre un disco de metal con su identificación. Pero lo peor, sin duda, fue la prohibición de poseer ganado, algo fundamental para una sociedad ganadera.

Namibia - Supervivientes herero

Supervivientes herero. Nótese la evidente desnutrición que padecieron. Fuente: Wikimedia.

Los crímenes de los alemanes en Namibia no fueron revelados a la opinión pública internacional hasta 1918, cuando el Imperio Alemán fue derrotado. Las cifras de las víctimas son difícilmente calculables, ya que nadie sabía con exactitud cuántos nativos habitaban el territorio, dada su alta movilidad. Se estima que murieron unos 10.000 namas y entre 25.000 y 100.000 hereros, lo que suponía el 80% del total existente antes de las masacre.

Alemania pidió perdón a los herero y los nama cien años después, en 2004. Con las excusas llegó una cierta cantidad de dinero para compensar a los descendientes de las víctimas y numerosos actos de reconocimiento del dolor causado. Se reconoció el daño hecho, aunque las cicatrices del genocidio aún pueden sentirse en la actual Namibia.

Ranavalona I, la ambiciosa reina de Merina (Podcast 17 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Entrada Podcast 17

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Puede escuchar el podcast aquí:

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La reina Ranavalona I de Merina, el estado hegemónico del Madagascar precolonial, es, quizá, uno de los personajes más controvertidos de la historia africana. Por un lado, fue una firme defensora de la cultura e independencia malgache frente a las apetencias coloniales francesas y británicas, pero, por otro lado, su celo unificador y su odio hacia todo lo occidental la hizo incurrir en graves errores que minaron la incipiente modernización del país.

Radama I

Radama I. Fuente: Wikimedia

Aprovechando su privilegiada posición en las tierras altas centrales de Madagascar, desde el siglo XVI el reino de Merina estaba llevando a cabo una agresiva política expansiva. El objetivo no era otro que unificar bajo su mando toda la isla de Madagascar, donde el pueblo malgache estaba dividido en una miríada de pequeños estados y etnias. Este proceso unificador se aceleró bajo el reinado de Radama I (1793-1828), quien, gracias a sus tratados con los ingleses, inició una tímida modernización que implicó la apertura de las primeras escuelas de la isla y la adopción del alfabeto latino en lugar del arábigo. Sin embargo, de la mano de los ingleses entraron numerosos misioneros y mercaderes europeos que harán que la historia de la isla cambie para siempre.

La esposa de Radama fue una princesa llamada Ramavo, la cual pertenecía a una de las principales familias de la isla. Sin embargo, fue un matrimonio sin amor: el rey prefería la compañía de otras mujeres y, además, Ramavo no le dio hijos. Si a todo esto le sumamos que su marido había mandado asesinar a varios miembros de su familia, podemos hacernos una ligera idea del odio que la princesa albergaba contra su esposo. Pese a todo, aquella despreciada mujer tenía una desmedida ambición que pronto haría que pasase a la primera línea de la política real.

Radama I - Tumba

Tumba de Radama I (a la derecha) en 1885. Fuente: Wikimedia.

Según parece, el rey Radama I tenía una pasión desmedida por la bebida que le llevó joven a la tumba. Así, cuando aún no tenía los 34 años, falleció a causa de una grave intoxicación etílica, aunque pronto muchos señalaron a Ramavo como su asesina. La sucesión de Radama fue sangrienta: la reina no dudó en asesinar a su propio sobrino –y heredero legítimo al trono- Rakotobe, para ascender al trono en 1828 con el nombre de Ranavalona (la retirada). Fue la primera monarca femenina desde la fundación del reino de Merina en 1540.

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En verde claro, expansión del reino de Merina bajo el reinado de Ranavalona I. Fuente: Wikimedia.

Decidida a continuar la labor unificadora de su marido, organizó un ejército que contaba con entre 20.000 y 30.000 soldados. Las guerras libradas contra los pueblos no merina provocaron alrededor de 60.000 muertos en los combates, y una cifra muy superior e incalculable de bajas civiles por las hambrunas derivadas del conflicto. Además, enfermedades como la malaria diezmaron al nuevo ejército, matando al 30% de sus efectivos. Otro efecto secundario fue la captura de un millón de esclavos procedentes de las regiones costeras, que hizo que dos tercios de la población de Antananarivo fuese esclava (andevo).

Ranavalona estaba convencida de que las potencias colonialistas –Francia y Reino Unido- querían acabar con el reino de Merina, por lo que mantuvo una política decididamente hostil hacia todo lo venido de Europa. Desde el rova o palacio de Antanarivo continuó con la tímida modernización del país, introduciendo avances tecnológicos europeos y una moderna burocracia al tiempo que se erigía como la defensora de las tradiciones seculares de la isla.

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Manjakamiadana de Ranavalona en Antanarivo. Fuente: Wikimedia.

La impopularidad de la reina entre los europeos se debió, sobre todo, a la violenta persecución que dirigió contra los cristianos. Aunque la gran mayoría de los malgaches seguían practicando la religión tradicional, las conversiones a la nueva fe eran cada vez más numerosas. Ranavalona, que odiaba al cristianismo por ser una importación  cultural europea, decidió el 1 de marzo de 1835 prohibir bajo pena de muerte su práctica, sometiendo  a los cristianos a la prueba del veneno (tangena), quemándolos vivos o despeñándolos, además de quedarse con todos sus bienes.

El siguiente paso antieuropeo se dio en 1857, cuando Ranavalona expulsó a todos los comerciantes europeos de la isla. La medida no excluyó al francés Laborde, propietario de un verdadero entramado industrial muy avanzado para la época, el cual le había convertido en el hombre más rico del país.

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La reina Ranavalona I, retrato de P.A. Ramanankirahina. Fuente: Wikimedia.

El bloqueo franco-británico impidió que la reina pudiese adquirir armamento moderno, tan necesario para su expansión. Además, su política militar provocará graves revueltas: en adelante, las tropas dejarán de ser alimentadas por el estado, y, por si esto fuera poco, cada provincia debía aportar 2.500 soldados fuese cual fuese su población, lo que provocó la queja de los territorios más despoblados.

A su muerte, en 1861, fue sucedida por su hijo Radama II, a quien la reina obligó a reconocer como el unigénito póstumo de su marido Radama I, a pesar de que el niño había nacido más de nueve meses después de la muerte de su supuesto padre. Su reinado, aunque breve, marcará la vuelta de los europeos al país y el fin de la persecución del cristianismo.

Shaka, rey de los zulúes (Podcast 15 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Entrada Podcast Shaka

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Puede escuchar el podcast aquí:

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La actual república de Sudáfrica es un mosaico cultural donde conviven numerosas etnias diferentes. De todas ellas, la más conocida sin duda es la zulú, que en realidad es un subgrupo de los nguni, la macroetnia que engloba a zulúes, xhosas, swazis y ndebeles. Conocidos por su fiereza, el pueblo zulú, hoy la mayor etnia del país, fue un actor significativo en la lucha por el control del territorio sudafricano en el siglo XIX. Pero, ¿cómo surgió este pueblo?

La génesis de los zulúes hay que buscarla en la figura de su primer gran rey, Shaka. Hijo ilegítimo del jefe nguni Senzangakhona, nació cerca de Melmoth, en la actual provincia de KwaZulu Natal.

Perseguido por su condición de bastardo, Shaka vivió como pastor y cazador en las tierras del clan de su madre hasta que entró al servicio militar de Dingiswayo, jefe de Mthethwa, el estado dominante en el sureste sudafricano en aquel momento. Como todos los hombres válidos para el combate, fue insertado en un ibutho lempi, uno de los equipos de combate donde todos los soldados pertenecían a un mismo grupo de edad. Shaka pronto se distinguió por su bravura, llamando la atención del propio Dingiswayo, quien le puso al frente de un ibutho o regimiento.

Zulúes - Río Tugela

Río Tugela con las montañas Drakensberg al fondo. Fuente: Wikimedia.

A la muerte de su padre Senzangakhona, Shaka no dudó en matar a su hermano Sigujana, el legítimo heredero, con el apoyo de Dingiswayo. Pero, tras el asesinato de su protector a manos de Zwide, rey de los Nwandwe, Shaka se retiró junto a su pueblo al valle del Tugela, donde instaló su capital, Bulawayo. Aquí decide el cambio de nombre de su rama de los nguni: a partir de entonces, Shaka bautiza a su pueblo como los amaZulu, los hijos del cielo, de donde proviene el término zulú.

Shaka aún no era lo suficientemente poderoso como para poder imponer su dominio sobre la región. Hábil estratega, pronto hace crecer a su ejército mediante alianzas con otras tribus y, sobre todo, con la incorporación en su fuerza militar de los soldados de las tribus vencidas.

En 1817, Shaka había formado un ejército lo suficientemente poderoso como para poder desafiar a Zwide, el asesino de su mentor. A partir de la vieja formación del ibutho,  crea un nuevo ejército compuesto por los disciplinados impis, regimientos de 1000 soldados, dirigidos cada uno por un induna y dotados de grandes escudos y azagayas cortas para el combate cuerpo a cuerpo. Esto suponía toda una novedad, ya que hasta entonces la lanza era concebida como un arma arrojadiza.

En la batalla de la colina de Gqokli contra Zwide (1818), Shaka estrena su táctica  Impondo Zankomo –los cuernos de búfalo-, en la que sus tropas, dispuestas en forma de cuernos de vaca, eran capaces de rodear por los flancos a sus enemigos, al que se le cortaba cualquier posible escapatoria. Forzándolo a luchar, los soldados de los cuernos de la formación empujaban al enemigo hacia el centro, donde se ubicaban los soldados más veteranos, quienes terminaban la masacre.

En 1820, Shaka vuelve a derrotar a Zwide en la batalla del río Mhlatuze: a partir de entonces, los Nwandwe escapan de los zulúes, comenzando el período llamado Mfecane o Gran Machacamiento. Las guerras zulúes causaron la muerte de entre uno y dos millones de personas, principalmente por los desplazamientos forzosos de población y las hambrunas provocadas por la guerra.

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Situación política de Sudáfrica en tiempos de Shaka. En marrón oscuro, al este, los territorios controlados por los zulúes.

Shaka logró dominar un territorio de unos 30000 km2 habitado por cerca de 250.000 personas, una cifra muy modesta si lo comparamos con los imperios africanos clásicos, pero muy significativa en una región étnicamente muy fragmentada. Además, había creado una maquinaria de guerra perfecta, militarizando a la sociedad zulú: sólo se permitía el matrimonio de los guerreros más valerosos, y el servicio militar podía durar décadas.

En septiembre de 1828, Shaka fue asesinado por dos de sus medio-hermanos y un induna, quienes le tendieron una emboscada. Los conspiradores arrojaron el cuerpo del genial rey zulú a un silo de pozo, donde lo cubrieron con barro y piedras, sin que se sepa dónde está su sepultura. Le sucedió Dingane (1828-1840), uno de sus medio-hermanos homicidas, quien, carente de la capacidad estratégica de Shaka, habrá de claudicar frente a los granjeros bóeres.

El legado de Shaka sigue siendo muy importante en Sudáfrica. Nadie pone en duda su capacidad como jefe militar, quizá el más brillante de la historia africana. Durante los espantosos años del Apartheid, mientras la minoría blanca intentaba convencer a la mayoría negra de su inferioridad racial, los zulúes y sus pueblos hermanos recordaban con orgullo las gestas de Shaka.

La Batalla de Adua (Podcast 14 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Cabecera Podcast 14

Este mes de marzo se cumplen 120 años de la batalla de Adua, de la que hablamos largo y tendido en una entrada anterior. Aprovechamos nuestra colaboración con el programa Tras las Huellas del Tiempo para dedicarle la sección semanal de la Biblioteca de Tombuctú. Podéis escuchar y descargar el audio aquí:

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Tombuctú, Al-Ándalus y el Fondo Kati (Podcast 13 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

Podcast 13

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Puede escuchar el podcast aquí:

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Nuestros Nobles Parientes - PortadaEn esta sesión viajamos a Tombuctú, ciudad que da nombre a nuestra sección, para conocer el espectacular Fondo Kati de la mano de Luis Temboury, escritor e investigador malagueño. Este autor ha publicado el libro Nuestros Nobles Parientes (Ediciones del Genal, 2015)en el que, al trazar la historia africana, pone de relieve las estrechas y casi desconocidas relaciones entre África y España.

Además de adentrarnos en el mundo escasamente conocido  de las bibliotecas de Tombuctú -especialmente el Fondo Kati, que tiene raíces españolas-, durante la entrevista conocimos historias como la de Yuder Pachá, morisco almeriense que a finales del siglo XVI conquistó el imperio Songhai para Marruecos. El propio Yuder quedó en Tombuctú con el cargo de gobernador, aunque gracias a la lejanía de la entonces capital marroquí, Marrakech, la ciudad se gobernó de manera autónoma durante casi dos siglos. Ésta y otras historias aparecen recogidas en su extensa obra, dividida en dos volúmenes,  la cual sirvió de hilo conductor para la entrevista.

El Estado Libre del Congo y el tren de la muerte (Podcast 12 de “La Biblioteca de Tombuctú” – THDT)

12 - El Estado Libre del Congo y el tren de la muerte

Este artículo ha sido elaborado para la sección La Biblioteca de Tombuctú del programa de radio Tras las Huellas del Tiempo. Texto original: Ewa Skurczynska. Puede escuchar el podcast aquí:

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Todo el continente africano tiene hondas cicatrices en su historia, recuerdo de la colonización europea. No hubo región africana colonizada que no experimentase la explotación sistemática de sus habitantes, reducidos poco menos que a la servidumbre, la rapiña de sus recursos o la crueldad racista de los amos europeos, cuyos delirios y ambiciones insensatas supusieron la muerte de miles de africanos. Pese a que todo esto se repitió, si bien de un modo más o menos benéfico, por toda la geografía del continente negro, hubo un lugar en el que los horrores del colonialismo fueron especialmente terribles: el Estado Libre del Congo, creado por el rey Belga Leopoldo II. Irónicamente, pese a tener en su nombre la palabra libre, en pocos territorios del mundo se ha sometido al ser humano a una esclavitud tan surreal como aterradora.

El nacimiento del Estado Libre del Congo: el capricho de un rey

Antes del siglo XIX las potencias europeas habían establecido puestos comerciales por toda la costa africana, si bien no se había penetrado en el interior. Gracias a los avances técnicos –y, especialmente, a la quinina-, los exploradores pudieron penetrar en el desconocido interior africano, descubriendo nuevos territorios que ofrecían incontables recursos vírgenes. La máquina del colonialismo no tardó en ponerse en marcha con Inglaterra y Francia a la cabeza, seguidas por otras potencias como Alemania, Portugal, Italia, Bélgica y España, procediendo a repartirse entre ellas el botín africano en la célebre Conferencia de Berlín de 1884.

Leopoldo II

Leopoldo II. Fuente: Wikimedia.

Puede sorprender la presencia de Bélgica en la lista de países colonizadores de África, teniendo en cuenta sus modestas proporciones, pero es que en aquella época ocupaba el trono belga Leopoldo II, un hombre de ambición desmedida, que luchó con ahínco para que su país contase con territorios que colonizar, ya que creía que su nación, industrialmente potente, los necesitaba. Sin embargo, la opinión pública belga no se mostraba a favor del colonialismo, aunque esto no le frenó, ya que adquiriría una colonia no ligada al estado belga, sino a sí mismo como soberano.

Al rey Leopoldo le valía cualquier sitio que pudiera ser explotado económicamente. Tras comprobar que no podía obtener una colonia en Asia, centró sus esfuerzos en el África Central, organizando en 1876 la Association Internationale Africaine (AIA), destinada a planear la colonización efectiva del territorio de la cubeta del Congo. Obviamente, las intenciones de explotación se ocultaron bajo una máscara de filantropía, pues los europeos civilizados pretendían llevar al Congo el progreso, el cristianismo y librar a los nativos de los traficantes de esclavos de Zanzíbar.

El rey y el explorador

Sin embargo, en aquella época del río Congo se conocía poco más que su desembocadura. Varios exploradores, Lovett Cameron, Brazza y Stanley se adentraron río arriba con el objetivo de descubrir cómo era la cuenca del Congo. No se esperaba gran cosa del segundo río más importante de África, ya que, debido a la existencia de una secuencia de 32 rápidos y cataratas no demasiado lejos de su desembocadura, no era navegable. En cuanto a esto, el explorador Stanley, cuyos servicios fueron finalmente contratados por el rey belga, descubrió que a partir de la Stanley Pool[1], un inmenso lago formado por el río, el Congo era navegable, suponiendo una vía de comunicación magnífica para penetrar en el interior de África.

Stanley propuso a Leopoldo construir un ferrocarril que sortease los rápidos del Congo, bautizados como Cataratas Livingstone, partiendo desde Matadi, aún hoy el principal puerto congoleño, hasta la orilla del Stanley Pool, donde se construiría un pequeño puerto, Leopoldville[2], a partir del cual se podía remontar fácilmente el río Congo.

La lucha por el Congo

El proyecto de Stanley interesó al monarca belga, que se puso manos a la obra arriesgando dinero de sus propios fondos. Tras la quiebra de la AIA en 1879, fundaron la Association Internationale du Congo (AIT), que pretendía fomentar el comercio y la industria en un vasto territorio de más de 2.000.000 de km2. Stanley era el hombre del rey sobre el terreno; hizo firmar a los jefes de tribu del área acuerdos de monopolio comercial con la AIC que, con el tiempo, pasaron a ser cesiones de soberanía, pues los franceses, portugueses e ingleses amenazaban con arrebatar al soberano belga los territorios que ambicionaba. Huelga decir que dichos jefes tribales no sabían lo que firmaban, a pesar de que condenaban a sus pueblos a una servidumbre nunca vista. Gracias a las promesas de libre comercio por el territorio congoleño, Leopoldo consiguió que las potencias europeas reconocieran su soberanía sobre el territorio en la Conferencia de Berlín de 1884. Irónicamente, y pese a sus promesas de liberar a los nativos de la esclavitud, Leopoldo no dudó en congraciarse con Tippu Tip, un traficante de esclavos zanzibarino, a cambio de que éste reconociese su soberanía al este del Congo.

El Estado Libre del Congo

Finalmente, el 1 de agosto de 1885 nacía el Estado Libre del Congo, regido por Leopoldo II como si fuese un monarca absoluto, al tiempo que era rey constitucional de Bélgica. El nuevo estado era, con sus 2.340.00 km2, 67 veces más grande que Bélgica. Se estableció la capital en Boma, aunque el centro de decisiones se encontraba en Bélgica, en la corte de Leopoldo II, quien jamás pisó el Congo.

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Mapa del Estado Libre del Congo en 1892. Fuente: Wikimedia.

El vasto territorio se dividió en 14 distritos, pero el verdadero reparto del país se efectuó a través de las concesiones territoriales a diversas compañías comerciales (Kasai, Anversoise, Katanga, etc.) encargadas de explotar, principalmente, el caucho, la madera y el marfil. El propio rey se reservó nada menos que 250.000 km2 –la mitad de la superficie de España- como Domaine de la Couronne, una región entera para su enriquecimiento personal. Los nativos eran forzados a trabajar gratis para las compañías en jornadas maratonianas de hasta 16 horas, principalmente en la explotación del caucho, lo que les impedía cultivar la tierra o cazar, por lo que no tardó en aparecer el hambre. Para que el sistema pudiera funcionar, se creó la Force Publique, el ejército colonial, que no dudaba en masacrar a poblaciones enteras si sus jefes se negaban a ceder a los hombres válidos para el trabajo a las compañías. Se establecieron castigos draconianos como el de cortar las manos a los indígenas que gastasen balas cazando, lo que provocó que el número de mutilados creciese de un modo espantoso. El empleo del chicotte, un látigo de piel de hipopótamo, marcaba la carne de los nativos con cicatrices horrorosas.

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Niños congoleños mutilados. Fuente: Wikimedia.

El tren entre Matadi y Léopoldville

La construcción del ferrocarril que uniese la desembocadura navegable del Congo con la Stanley Pool, evitando las cataratas Livingstone al atravesar las montañas de Cristal, supuso una pieza clave para el desarrollo de la colonia. Una de las exigencias planteadas por Leopoldo a franceses y portugueses fue que, si bien podían quedarse con la mayor parte de la franja costera atlántica, debían reservarle el puerto de Matadi y una porción de terreno suficiente para construir este ferrocarril, cuya importancia se debía a que el trayecto a pie entre Matadi y Léopoldville tardaba casi tres semanas. La explotación intensiva del caucho en el interior congoleño exigía la construcción de una vía férrea para dar salida a la producción, por lo que en 1890 comenzaron los trabajos de construcción de los 387 km de línea, que sólo acabaron en 1898.

Mapa del Bajo Congo - 1913

Mapa del Bajo Congo en 1913, donde se aprecia en negro el trazado de la línea férrea. Fuente: Wikimedia.

A pesar de ser una obra de proporciones modestas, nos encontramos ante uno de las mayores tragedias constructivas del hombre moderno. A diferencia de Europa, donde construir un ferrocarril similar no hubiese supuesto tanto tiempo, debemos tener en cuenta que en esta parte del mundo no existían infraestructuras ni ningún tipo de comodidad que facilitase la construcción; al contrario, un territorio casi virgen, de difícil orografía y con la sempiterna amenaza de las enfermedades –malaria, disentería, beri-beri, etc- hizo que, por ejemplo, para construir los primeros 22 km se tardasen 3 años.

Se empleó una ingente cantidad de mano de obra nativa, si bien no se dudó en importar trabajadores de Barbados, Sierra Leona o incluso de China. Las condiciones de trabajo habrían hecho ruborizar al peor tratante de esclavos: los hombres, mal alimentados y afectados por las enfermedades, sufrían constantes accidentes debido a lo penoso de la situación y, además, tenían que soportar hasta latigazos de los capataces. Los trabajadores europeos, muy poco numerosos, no aguantaban demasiado tiempo en estas condiciones, por lo que muchas veces rompían su contrato y volvían a casa; los trabajadores africanos y asiáticos no tenían esa suerte. No es de extrañar que la mortalidad entre los trabajadores fuese altísima, aunque las cifras están maquilladas: según los cálculos oficiales belgas, murieron 1800 obreros, de ellos sólo 132 blancos, aunque no pocos autores creen que esta cantidad sólo refleja los muertos de los dos primeros años de la obra, pudiendo ser la cifra real muy superior.

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Rápidos de Livingstone en las cercanías de Kinshasa. Fuente: Wikimedia.

La inauguración de la línea fue todo un evento social en la colonia. La llegada del primer tren a Léopoldville fue saludada con salvas de cañón y recibida por las autoridades, que ese mismo día inauguraron un monumento a los porteadores a los que había liberado el tren. Huelga decir que no se mencionó el coste de sangre del ferrocarril que, todo hay que decirlo, logró su objetivo, ya que se dispararon las exportaciones de caucho a nada menos que 11 millones de toneladas anuales, convirtiendo a Léopoldville en el puerto con más tráfico del África Central.

Un legado sangriento

Roger Casement

Retrato de Roger Casement. Fuente: Wikimedia.

Los crímenes del régimen colonial de Leopoldo II no pudieron ocultarse durante demasiado tiempo. Los misioneros y algunos de los trabajadores europeos dieron los primeros testimonios de los abusos a los nativos, que provocaron que el Reino Unido enviase en 1903 al cónsul Roger Casement para investigar sobre el terreno. Tras recorrer durante seis meses el Congo, elaboró un informe en el que no escatimó detalles del horror que se vivía en la colonia belga. Su publicación supuso tal shock que puso en entredicho la labor supuestamente civilizadora del rey de los belgas que, presionado por la comunidad internacional, tuvo que ceder la gestión del territorio al estado belga, si bien esto no supuso un gran cambio de la condiciones de vida y explotación de los congoleños. La heroica aportación de Casement se relata en el libro El sueño del celta de Mario Vargas Llosa.

Los abusos del colonialismo supusieron que la población del Congo, estimada antes de la colonización entre 20 y 30 millones de personas, pasase a sólo 9 millones, muriendo entre 10 y 15 millones de seres humanos víctimas del hambre, las enfermedades y la brutalidad del régimen colonial.

Aún hoy el Congo sigue sufriendo las secuelas de su pasado. Su proceso de descolonización, torpemente realizado, dio paso a una serie de gobiernos dictatoriales y guerras civiles que han dejado un rastro sangriento en un país frágil habitado por más de 71 millones de seres humanos, pertenecientes a unas 200 etnias diferentes.

[1] Actual Malebo Pool.

[2] Leopoldville fue rebautizada tras la independencia como Kinshasa.

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